Entrar Via

No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 498

—Después de eso, escuché a la abuela amenazar a Ivón. Le advirtió que, si se atrevía a soltar una sola palabra sobre ese secreto a alguien, se encargaría de hundir en la miseria a toda su familia. Le juró que la echaría a patadas de la familia Godoy y se aseguraría de que no vieras ni un solo centavo de la herencia familiar.

—Y entonces la vi ceder. Ivón se arrodilló, lloró a mares y le suplicó perdón a la abuela por haber abierto la boca.

—Ahí fue cuando supe quién era en realidad y de dónde venía...

Galileo bajó la vista, ocultando el torbellino de emociones en sus ojos y optó por mantenerse en silencio.

—Siempre he parecido una niña mimada y tonta, pero de tonta no tengo ni un pelo. Sabía que mientras fingiera ignorancia, mi vida seguiría igual.

—Seguiría siendo la adorada niña consentida de los Godoy, la nieta predilecta de la abuela. Sin embargo, hubo un detalle que sí cambió para siempre desde ese día, y ustedes jamás lo notaron.

La voz de Galileo se volvió grave y helada.

—Con razón, desde entonces cambiaste radicalmente tu manera de tratar a mi madre.

Llegando incluso al punto de pisotear la autoridad de Ivón por puro capricho.

Ahora todo cobraba sentido.

Al estar las cartas sobre la mesa, ya no había necesidad de seguir fingiendo.

La mirada de Galileo se despojó de cualquier rastro de lástima; la observaba con la misma indiferencia con la que miraría a un desconocido en la calle.

—Si ya estabas enterada, entonces debes estar muy consciente de que la fortuna de la familia Godoy jamás debió pertenecerte.

En los ojos de Dina afloró una profunda desolación.

—Así que me quitaste a mi abogado de confianza y metiste a un inútil para asegurarte de que me pudra en la cárcel y, de esa forma, robarme toda la herencia que la abuela Anatolia dejó a mi nombre.

Galileo ni se inmutó en negarlo.

—Vaya, mi hermanita resultó ser bastante lista después de todo.

Dina apretó los párpados y soltó un suspiro profundo y amargo.

—Siempre fui rebelde y malcriada, pero jamás fui idiota.

—Entonces —preguntó él—, ¿qué buscas con todo este teatrito de la huelga de hambre?

—Que vinieras a verme.

Claro, eso sumado al hecho de que los brutales golpes que le había dado la vida últimamente le habían quitado hasta las ganas de masticar un pedazo de pan.

—¿Destruir tu cuerpo solo para obligarme a venir? Dina, esa no eres tú.

La Dina que él recordaba era una mujer que armaba escándalos mayúsculos si se le pasaba la hora de la comida o si se rompía una uña.

Al mencionar a la mujer que menos deseaba recordar, el semblante de Galileo se ensombreció.

—¡No me compares con ella!

—Supongo que lo aprendiste de tanto verla. —Dina mantenía la vista en el techo, hablando como si fuera un alma en pena—. La abuela era una mujer despiadada y puramente materialista. Y tú absorbiste lo peor de ella.

—Eres todavía más frío y calculador que la abuela. En ese corazón tuyo no hay espacio para nadie que no seas tú mismo y los beneficios que puedas exprimir.

—Llevas toda tu vida respirando solo para acaparar más poder y riqueza. Te importa un comino quién te entregue su amor, porque tú eres incapaz de sentir afecto genuino por otro ser humano.

A Galileo se le agotó la paciencia.

—¿Me hiciste venir hasta aquí solo para darme sermones baratos?

Dina dejó salir un suspiro agónico.

—Quiero pedirte un último favor.

—¿De qué se trata?

Un tenue destello de esperanza cobró vida en los ojos marchitos de la mujer.

—Quiero ver a Noel Cortés.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó