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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 491

Galileo ni siquiera sabía por qué se había detenido de repente.

Su deseo era evidente, intenso.

Pero justo en el último segundo, una inexplicable repulsión se apoderó de él.

Ese rechazo apagó su fuego interior en un instante.

Galileo estaba seguro de que físicamente estaba en perfectas condiciones.

El problema, probablemente, estaba en su mente.

Al llegar a la puerta, escuchó el llanto desesperado de un bebé.

Mateo había estado muy inquieto esas últimas noches.

Ivón siempre le echaba la culpa a las malas energías de la casa.

Galileo, de pronto, sintió que era momento de mudarse cuanto antes.

La niñera estaba meciendo al bebé, tratando de calmarlo.

Al ver entrar a Galileo, lo saludó de inmediato.

—Señor Godoy.

Galileo murmuró una respuesta afirmativa y fijó su mirada en los rasgos del bebé.

El niño, en efecto, se parecía bastante a Yolanda Camoso.

Pero con él, no parecía tener ningún rasgo en común.

—Señora, ¿a quién cree que se parece el niño? —preguntó de pronto.

La mujer respondió con total honestidad, sin darle muchas vueltas.

—Se parece un poco más a la señora Yolanda, señor.

—¿Y a mí? —insistió Galileo.

La mujer lo observó con detenimiento por un momento.

—La verdad es que no le encuentro mucho parecido con usted, señor Godoy. Pero el pequeño Mateo todavía es un bebé. He visto a muchos niños que de pequeños son igualitos a la mamá, pero a medida que crecen, se van pareciendo más al papá.

La mirada de Galileo se quedó clavada en el rostro de Mateo por un largo rato antes de darse la vuelta.

***

Altavista Premier.

La deslumbrante y lujosa lámpara de cristal iluminaba a un par de figuras que parecían encajar a la perfección.

Nanette sostenía su vaso, con la intención de tomar un poco de agua.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que el vaso ya estaba vacío.

En cuanto contestó, la voz agitada y eufórica de Venancio llenó la habitación.

—¡Maldición! ¿Qué demonios pasó? Apenas me di la vuelta y ocurre una locura. ¡Ese viejo de Luis Camoso de verdad no se rinde ni estando acorralado!

Noel apoyó el celular sobre la mesa de centro.

—¿Por qué sigues despierto a esta hora?

—¡Cómo diablos voy a dormir! Isaac me mandó un mensaje que casi me infarta. Noel, ¿mi Nanette está bien?

Noel cruzó las manos, manteniendo una expresión impasible.

—Mejor llámala tú mismo y pregúntale.

Venancio soltó una carcajada traviesa.

—Llamarte a ti y llamarla a ella es prácticamente lo mismo. Tú valoras su vida más que la tuya propia. Isaac me contó que...

Noel comenzó a toser de forma intencional y repetida para que se callara.

Pero Venancio no captó la indirecta y continuó hablando con gran entusiasmo.

—Isaac me dijo que, por mi querida Nanette, casi pierdes la vida sin pensarlo dos veces. Ahora veo que de verdad me superas. Si hubiera sido yo, tal vez habría dudado un segundo. Pero Isaac me juró que tú ni siquiera lo pensaste, simplemente te lanzaste al vacío.

Noel cerró la mano en un puño, se la llevó a la boca y volvió a toser con fuerza.

—Oye, Noel, ¿te duele la garganta? ¿O te lastimaste en algún lado?

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