—No es necesario. De hecho, preferiría que Hugo dejara de acompañarme a todos lados de ahora en adelante.
Noel frunció el ceño.
—Ni lo pienses. En todo lo demás podemos llegar a un acuerdo, pero en eso no.
Pero Nanette se mantuvo firme esta vez.
—Noel, de verdad, no va a pasar nada. Luis Camoso ya está tras las rejas, todo se ha arreglado. Estaré bien. Además...
El resto de las palabras se le atragantaron en la boca.
Porque sentía que estaba traicionando sus propios principios al decirlas.
—Además, no me gusta que me anden pisando los talones todo el día. Me incomoda bastante.
Noel apretó los labios y un destello de tristeza cruzó por sus ojos.
—Está bien, lo que tú digas.
En ese momento, Noel volteó, pero Xavier ya no estaba. Se había largado sin siquiera despedirse.
Noel lo observó alejarse con una sonrisa.
—Así es él, no le hagas caso.
La sonrisa que esbozó Nanette fue un tanto forzada.
—Vaya que esos dos te cuidan la espalda —comentó.
—Así es. Aunque todo el mundo me diera la espalda, sé que ni Xavi ni Venancio me traicionarían.
Nanette soltó sin pensar:
—Entonces, las personas en las que más confías en este mundo son ellos dos, ¿verdad?
—Y tú.
El pecho de Nanette se oprimió de golpe.
Las palabras de Irene y la dura advertencia de Xavier le zumbaban en los oídos, llenando su cabeza de confusión e intranquilidad.
—Noel...
—¿Qué pasa?
Nanette se quedó en silencio por un largo rato.
—No es nada, vámonos a casa.
—Está bien.
Por un instante, había estado a punto de preguntárselo todo frente a frente.
Pero el valor se esfumó.
Si él nunca le había insinuado nada, ¿con qué derecho iba a cuestionarlo?
A mitad de camino, Noel rompió el hielo:
—¿De qué hablaste con Xavi?
—De nada en especial —mintió Nanette—. Ya lo conoces, no es muy platicador que digamos.
—Sí, suele ser de pocas palabras —admitió Noel.
«De pocas palabras...», pensó Nanette.
Pero las que decía valían por mil.
Y cada una era como una puñalada directa al corazón.
Cuando por fin llegaron al garaje de su casa, Nanette cayó en la cuenta de que habían abandonado a Venancio y a Isaac en el club.
—¿Y qué va a pasar con ellos dos?
¡Xavi era un rencoroso de primera!
¡Esa pelea ya tenía años!
Pero no era momento de lamentos. La mejor defensa era la retirada.
Venancio se vistió a la velocidad de la luz y huyó del lugar como si no hubiera un mañana.
Todo ese cuento de que era un mujeriego empedernido.
Eran puros inventos.
En realidad, el joven heredero de los Lenso solo era de vista y no de tacto.
***
Cuando Nanette regresó a Maravilla Encantada, encontró a Melba desempacando una caja en la cocina.
Era una caja inmensa, forrada de espuma de poliestireno para aislar el calor.
No era la primera vez que recibía un paquete similar, pero este parecía ser mucho más grande que los anteriores.
—¡Señorita, ya llegó! ¡Venga a ver todas las maravillas que le mandó el señor Cortés esta vez!
Había de todo: gallinas ponedoras, patos criollos, cartones de huevos, carne de res, borrego...
—Todas estas delicias vienen directamente de los ranchos, ¡y son cien por ciento naturales! El señor Cortés es un ángel. Como sabe que usted está esperando un bebé, se encarga de enviarle todo lo mejor para que esté bien alimentada. Señorita...
Al notar que Nanette estaba en las nubes, Melba agitó la mano frente a ella para regresarla a la realidad.
—¿Señorita, qué le pasa? ¿Se siente mal?
Nanette tragó saliva, tratando de deshacerse del nudo que tenía en la garganta.
—No, estoy bien. Voy a subir a mi cuarto, te dejo acomodando eso.
Una vez en su habitación, se quedó un rato dándole vueltas al asunto hasta que, finalmente, decidió mandarle un mensaje a Noel.

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