Entrar Via

No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 425

El pánico se apoderó de Luis Camoso, pero hizo un esfuerzo titánico por mantener la compostura.

—Tranquila, mi niña. Seguro es un malentendido y buscan a otra persona. ¿Por qué te alteras tanto? Estás a punto de convertirte en la señora de la familia Godoy, tienes que demostrar más temple.

Yolanda, con la respiración entrecortada, negó frenéticamente.

—No, no... Traen... traen una...

Antes de que pudiera terminar la frase, los policías ya estaban sobre ellos.

El agente al mando sostenía un documento en alto.

—¿Usted es Luis Camoso?

La tensión en el rostro de Luis se volvió inocultable.

—Sí, buenas tardes, oficiales.

El policía mantuvo un semblante de acero.

—Esta es una orden de aprehensión. Hemos descubierto su participación en múltiples delitos penales. Debe acompañarnos a la comisaría de inmediato.

Luis sintió un golpe en el pecho.

¡Imposible!

Él mismo había destruido todas las pruebas. Siempre operaba con cautela clínica, sin dejar cabos sueltos.

¿Cómo diablos habían encontrado evidencias?

—Oficial, debe haber un error. Soy un ciudadano respetuoso de la ley. Mi empresa paga todos sus impuestos a tiempo, y además, hago donaciones frecuentes a instituciones de caridad...

—Guárdese el discurso. No estaríamos aquí con una orden de aprehensión si no tuviéramos pruebas irrefutables. No arrestamos a inocentes.

—Señor oficial, le aseguro que...

—Llévenselo —ordenó el policía, sin perder un segundo más.

Luego, el agente se dirigió a Galileo.

—Señor Godoy, le pedimos que nos acompañe también.

Galileo se quedó helado.

—¿Yo?

—No se preocupe —aclaró el oficial—. Solo necesitamos que colabore con la investigación. Hemos encontrado nuevas pistas sobre la verdadera causa de muerte de su hermano, Martino Godoy.

Galileo quedó petrificado.

Yolanda, a su lado, casi se desploma.

—¿Qué... qué verdad...?

—Se le explicará todo en la comisaría —respondió el oficial.

—Disculpe, pero hoy es el funeral de mi abuela —dijo Galileo—. ¿Sería posible que asista una vez que termine con mis asuntos familiares?

El policía dio un vistazo alrededor y, tras evaluarlo, asintió.

«Lo único que le queda...»

Sí. A la mujer de la que alguna vez estuvo enamorado, ahora, seguramente, solo le quedaba él.

***

En el club Cúpula Noir.

Dentro de la suite VIP más exclusiva, tres hombres compartían una característica común:

Una elegancia indiscutible, un porte aristocrático y un aura de autoridad abrumadora que marcaba cada uno de sus movimientos.

Uno de ellos, que formaba parte de este inseparable trío, estaba recostado contra el sofá, de espaldas al inmenso ventanal. La poca luz impedía ver sus rasgos con claridad.

Pero el frío que emanaba de él bastaba para mantener a cualquiera a un metro de distancia.

Sin embargo, como su amigo cercano, Venancio Lenso no se dejó intimidar en lo absoluto. Con una sonrisa radiante, se acercó con dos vasos de whisky.

Le entregó uno al hombre misterioso.

Y el otro a Noel.

—Se llevaron a Luis Camoso en pleno funeral. Frente a todo el mundo. Se veía bastante patético. Esta vez, el infeliz no se salva. Noventa por ciento de probabilidades de que le den la pena máxima.

—Todo gracias a ti, Xavi —dijo Venancio al hombre del sofá.

El tal Xavi agitó su vaso suavemente.

—El mérito es de Noel. Yo solo hice un par de llamadas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó