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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 404

—Basta, me dejé llevar por el enojo. Sé que tú también has estado muy cansado estos días. Cuando se resuelva lo de Dina, llévate a Yolanda a unas buenas vacaciones para descansar.

Como siempre: primero el golpe y luego la caricia.

Desde el principio hasta el final, Galileo no dijo una sola palabra.

Pero, en ese momento, su silencio era más ensordecedor que cualquier grito.

Yolanda sentía vagamente que algo en Galileo había cambiado.

No sabría decir exactamente qué, pero era diferente.

Luis dijo que tenía asuntos que atender y se dispuso a marcharse.

Yolanda se ofreció a acompañarlo a la puerta.

Una vez afuera, Yolanda no pudo aguantar más. Estaba tan desesperada que casi se echó a llorar.

—Papá, ¿por qué hiciste eso?

Luis le acarició la cabeza.

—Son cosas de adultos. No te metas.

—¡Papá! ¡Si hubiera sabido que te llevarías el video para entregárselo a la policía, jamás te lo habría dado!

—Si Galileo se entera de que fuiste tú quien entregó las pruebas, ¿qué va a ser de mí? ¡Me va a odiar para siempre!

Luis sonrió con una expresión cargada de intenciones ocultas.

—No te preocupes. No te odiará.

Yolanda estaba tan enojada que tenía los ojos rojos.

—¡Papá! ¡¿Qué es lo que pretendes?! Galileo y yo estamos a punto de casarnos, ¡¿por qué tienes que hacer algo así justo ahora?!

La mirada de Luis se volvió helada.

¡Por qué!

¡Porque esa mujer lo obligó!

Al principio, su intención era simplemente quedarse con la evidencia para tener a la familia Godoy en la palma de su mano. Quería asegurar su poder por si acaso.

Luis no era tan tonto como para hacer estallar la bomba justo cuando su hija estaba a punto de casarse con Galileo. Después de todo, el matrimonio era el premio mayor.

Pero los planes no salieron como esperaba.

De repente, las cosas dejaron de moverse en la dirección que él quería.

Ahora, él también estaba acorralado.

¡Quién iba a pensar que esa insignificante mujer despreciada por los Larco sería capaz de causar tanto caos!

La repentina aparición de Galileo asustó a Yolanda, haciéndola dar un paso atrás.

—Gali...

La expresión de Galileo era de total calma.

Pero esa misma calma daba escalofríos, como las nubes oscuras antes de una tormenta feroz.

Yolanda lo miró aterrorizada.

Galileo: —¿Tratando de cambiar de tema?

—Si te digo que lo hice por tu bien, ¿me creerías? O mejor dicho, lo hice por tu futuro y el de Yolanda.

—¿Por mí? ¡Ja! —Galileo soltó una carcajada amarga—. El presidente Camoso tiene un excelente sentido del humor.

Luis entrelazó las manos detrás de su espalda, adoptando un aire de superioridad.

—Si te dijera que en el testamento de tu abuela lo único que te toca es Faro Tecnológico, ¿te vas a quedar sin mover un dedo?

Galileo se quedó helado.

¡Eso era imposible!

Su abuela le había prometido que, en cuanto se casara con Yolanda, le entregaría el control absoluto de todas las empresas.

Además, ¿cómo podía Luis saber el contenido del testamento?

Por supuesto, Galileo se negó a creerle.

—Y si también te dijera que Dina no es hermana tuya de la misma madre...

Luis sonrió con pura malicia.

—¿Tampoco me creerías?

Galileo se quedó en estado de shock por un largo rato.

—¡¿Qué estupideces estás diciendo?!

—No son estupideces. Ve y pregúntale a tu madre. Durante todos estos años, ha sabido mantener la boca muy cerrada. Jamás ha soltado ni una sola palabra.

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