Dos años después.
Gracias al esfuerzo conjunto de todo el equipo, Nube Alta desarrolló un sistema operativo completamente nuevo, eliminando por fin su dependencia de la tecnología extranjera.
Esto catapultó a Nube Alta como la empresa líder indiscutible en la industria tecnológica.
También convirtió el nombre de Nanette Larco en uno reconocido en todos los rincones del país.
Al mismo tiempo, el Hospital Infantil San Gabriel había logrado tratar a más de mil niños de escasos recursos con parálisis cerebral en tan solo dos años.
Como fundadora del hospital, Nanette se había convertido en la figura favorita de las principales revistas.
Apenas terminó una entrevista, tuvo que salir corriendo hacia su próximo compromiso, ya que había sido incluida en la lista de nominados para el prestigioso Premio Nacional a la Filantropía, y ese día estaba invitada a un foro especial.
Después del evento, que duró dos horas, Nanette se sentía exhausta.
Hugo le abrió apresuradamente la puerta del auto y le ofreció una botella de agua.
—Señora Cortés, debe estar agotada. Suba a descansar un momento.
Apenas Nanette se sentó en el auto, su teléfono sonó. Al ver el identificador de llamadas, tuvo un mal presentimiento.
Era la directora Mendoza del preescolar.
Ahora que Sebastián estaba por cumplir cuatro años, ya iba al preescolar. Nanette pensó que, con el niño en la escuela, ella tendría un poco de paz. Sin embargo...
—Señora Cortés —dijo la directora—. Lamento molestarla, pero ¿podría venir a la escuela? El pequeño Sebastián volvió a causar problemas en clase hoy.
Nanette se quedó sin palabras.
—...Está bien. Voy para allá.
Colgó el teléfono apretando los dientes.
¡Sebastián!
¡De verdad que ese niño la iba a volver loca! ¡Era la tercera vez que la hacían ir a la escuela en una sola semana!
Hugo soltó una risita.
—Señora Cortés, ¿el pequeño Sebastián volvió a hacer de las suyas en la escuela?
Nanette suspiró profundamente.
—Hugo, dime la verdad, ¿crees que di a luz a un pequeño demonio?
—El niño es un poco travieso, sí —la consoló Hugo—, pero también es increíblemente inteligente. A los tres años ya se sabía de memoria el canon de los clásicos, y ahora ya conoce miles de palabras. Va cien pasos por delante de los demás niños.

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