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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 95

—Pero bueno, Luke, ¿tú no estabas apostando por él? —Savannah se burló mientras extendía los brazos y jalaba a Clayton hacia ella.

—A mí lo que me gusta es ver el mundo arder, cuñadita…

Luke le respondió inclinándose hacia ella con rostro de picardía.

Savannah se rio a carcajadas mientras colocaba a un Clayton medio mareado a su lado.

—Cariño, ya te mandé a pedir una cerveza. A ver, ¿cuántos dedos hay aquí?

—Graciosa, calla que ya empezó…

Todos los ojos miraron a Douglas, que comenzaba a oscilar sobre el toro.

Aquello no empezó suave, sino dando tirones desde el inicio.

Lily se tensó porque hacía muchos años que no lo veía así, dominando a la bestia, y eso que ni siquiera era de verdad.

Aplaudió, sintiendo la presencia de Lucy, que se paró a su lado, pero ella ahora estaba animando a su macho.

—¡Demuéstrales que en Australia los vaqueros montan mejor!

Cuando gritó eso en medio de la algarabía fue como si se hiciera una pausa y automáticamente se convirtiera en enemiga pública nacional.

—¡Súbele al nivel máximo a ese cabrón!

—¡Sííí!

Las bolas de Douglas rebotaban dentro del calzoncillo y se aplastaban contra la dura montura cada vez que sus nalgas subían y bajaban de golpe.

Con las piernas estiradas, moviendo la cintura en vaivén y cogiendo equilibrio en cada vuelta, se mantenía invicto mientras los segundos pasaban y el mundo daba vueltas a su alrededor.

Joder con los americanitos, que un toro de verdad no se movía así, como carrusel descompuesto.

Ya el sudor le corría por todos lados y su cabello oscuro se movía violentamente, como todo su robusto cuerpo.

Los dedos al fin se le resbalaron de la manija y salió disparado con un rugido por el impulso que llevaba aquel toro loco.

Lo agarraron entre Luke y otros hombres que lograron atraparlo al vuelo.

Las palmadas sacudieron su espalda como si quisieran sacarle los pulmones, pero en buena lid.

—Joder, sí que es bueno el australianito…

—¡¿Cuánto hizo, Peter?! ¡Enseña el reloj, enséñalo!

Todos los ojos se fijaron en el chico que llevaba el cronómetro.

El corazón de Clayton tronaba como un tambor, él ya sabía la respuesta.

—Un minuto y quince segundos… le ganó al Sr. McCall…

Dijo como si pronunciara algo increíble mientras sus ojos iban hacia Clayton.

—¡Chúpate esa, americanito!

Lilianne le gritó a Clayton con algunas cervezas de más mientras se abrazaba a la cintura de Douglas y le ponía el sombrero.

De repente, en medio del silencio incómodo, comenzó a resonar un aplauso al que le siguieron otros.

Los vaqueros admiraban la fuerza, la destreza en el campo, y Douglas había demostrado que los tenía bien puestos.

—¡El Sr. Calder es el nuevo campeón del bar The Rusty Spur! ¡Pásale una cerveza bien fría al domador de toros!

Los rugidos empezaron de nuevo, pero la mayoría eran de protestas por perder dinero.

—¡Arriba, saquen la pasta, señores, que hoy me voy de putas a costa de todos ustedes!

—Maldito Luke…

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