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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 90

—Papá, yo no tuve la culpa… ¡Ella le hizo algo a esa yegua!

—Salga.

Leo le dijo al doctor con voz dura y el hombre casi desapareció de la habitación privada.

Tampoco es que quisiera estar presente en ese drama familiar.

—Leo, cálmate, la niña aún está recuperándose… —Maggie intentó mediar viendo la cara de su esposo.

Pero Leonard solo le dio una mirada afilada que la hizo callar.

Normalmente la dejaba hacer lo que le diera la gana, pero, cuando decía hasta aquí, él era quien tenía la última palabra.

—Papá, tienes que creer en mí… —La voz de Georgia tembló con las lágrimas ya afuera.

—Precisamente por confiar en ti una y otra vez es que mi familia está a punto de irse a pique —Leonard estaba parado al pie de su cama.

—Tu hermano mayor queriéndose ir de la casa y Luke como un loco sin cabeza porque su madre solo piensa en la hija menor y le importa una mierd4 el del medio.

—Leo…

—¡Te callas, Maggie, que contigo también voy a ajustar cuentas luego! ¡Y tú…! —Señaló a Georgia, que encogió la cabeza en la almohada.

—Te irás a recuperar a la cabaña del lago en cuanto te den el alta mañana.

Georgia negó queriendo protestar, pero su madre le apretó la mano indicándole que no siguiera discutiendo con su padre.

—En cuanto te recuperes, te marchas al extranjero a estudiar o a hacer tus barbaridades donde no pueda verte.

—¡Papito, cómo puedes separarme así de la casa como una plaga!

Los sollozos se hicieron más fuertes e intentó levantarse de la cama.

—Georgia, no, se te va a salir la vía intravenosa —su madre trató de detenerla.

Leo dudó de su actitud dura; al fin y al cabo, Georgia seguía siendo la niña de sus ojos.

—Georgia, tienes que madurar… Quédate en la cabaña tranquila y no molestes el negocio de tu hermano…

—¡Escoges de nuevo a Clayton sobre mí…! ¡Yo no hice nada para ser culpada! ¡Yo fui la víctima que se cayó del maldito caballo! ¡Aah!

—¡Georgia! —Leo y Maggie gritaron a la vez cuando la vieron tambalearse llevándose la mano a la cabeza vendada.

Leo se abalanzó a sostenerla para que no golpeara el suelo.

—¡Mujer, deja de gritar y pulsa el botón de emergencia! —le gritó a Maggie mientras cargaba a Georgia de regreso a su cama.

—¡Todo esto es tu culpa! ¡Si a mi hija le pasa algo, no te voy a perdonar, Leonard! ¡¿Por qué mi hija se tiene que ir de su casa por esa gente?!

Lo acusó y Leo se preguntó si en realidad había sido muy duro con Georgia.

Los médicos vinieron a hacerse cargo y los sacaron de la habitación.

La chica solo había tenido un poco de mareo que exageró hasta las nubes, pero Georgia sabía como jugar con el corazón de sus padres.

En el pasillo, Margaret enfrentó a su marido.

—Me iré con ella a la cabaña, pero te lo advierto, Leonard McCall: tienes tres días para sacar a esa gente de mi casa o no regreso nunca más.

Lo amenazó directamente, como no había hecho en tantos años juntos.

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