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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 70

Sin embargo, cuando Douglas el pervertido fue a abrir la puerta del cuarto de baño, se encontró con el hecho de que Lilianne ya era una mujer preparada.

Torció la boca al darse cuenta de que ella había echado el seguro por dentro, así que nada de pasarle la lengua por la rayita.

Douglas dio un suspiro derrotado y pegó la frente a la madera, cerrando los ojos y escuchando el sonido del agua correr, hasta que captó algo más que lo hizo sonreír lleno de nostalgia.

La voz melódica de Lilianne tarareaba bajo la ducha.

Eso le trajo tantos recuerdos a su mente.

Su amor pasó de la amistad inocente a un deseo que todavía los hacía vibrar.

Una de las pasiones de Lily era cantar, siempre le daba vergüenza, pero su padre la convencía para cantar en las feria del pueblo.

Douglas se dejó caer con suavidad, sentándose de espaldas contra la pared, al lado de la puerta, cerrando los ojos para disfrutar este momento.

Jamás pensó volver a escuchar su voz.

Las memorias de su juventud con ella se mezclaron con el dolor que sintió cuando creyó que la había perdido.

Sus rugidos de loco en aquel aeropuerto, incluso viajó a la hacienda porque no se lo podía creer.

Porque estaba seguro de que al entrar por la puerta ella saldría a recibirlo con ese rostro hermoso, lleno de amor, que lo hacía olvidarse de todos sus problemas.

Pero Lilianne no estaba y solo había quedado esa maleta en el clóset que ella dejó hecha porque se fue a escondidas para Sídney a sorprenderlo.

La sonrisa en la esquina de la boca de Douglas se volvía amargada y triste.

Jamás debió negarla de esa manera, jamás debió pronunciar esas palabras crueles aunque fuese para engañar a Karla.

Jamás debió esconder así a su esposa aunque fuese para protegerla.

En algún momento sus ojos se quedaron cerrados y el cansancio del día lo venció.

Lilianne salió de la ducha y miró hacia la puerta achicando los ojos.

Más le valía a Douglas no estar haciendo de las suyas.

Se secó rápido y se puso un camisón decente para dormir.

Se secó un poco el cabello con la toalla y aplicó el protector térmico para el secador.

—Mejor voy a ver qué está haciendo…

Masculló como si estuviese cuidando de otro infante.

Abrió la puerta preparada para encontrárselo desnudo sobre su cama, o alguna de esas barbaridades que solo a él se le ocurrían.

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