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Mientras Tú Jugabas, Alguien Más Me Amaba romance Capítulo 5

Aitana firmó la orden para que ya no la reanimaran.

Después de sacarla de terapia intensiva, los cuidados paliativos le administraron analgésicos a su madre para evitar prolongar su agonía. Todo el tiempo, Aitana estuvo ahí, aferrada a su mano.

Más tarde, la ayudó a ponerse ropa limpia y la maquilló un poco. Se sentó junto a la cama y empezó a leerle el manuscrito que su padre había dejado.

Era el guion de Luz tenue, lleno de diálogos que retrataban la desesperación de mujeres secuestradas luchando por sobrevivir.

A Aitana se le quebró la voz en una frase corta, teniendo que detenerse tres veces antes de poder terminarla.

A causa de la enfermedad, su madre había perdido el habla; lo único que podía mover eran los ojos.

Aitana notó que su madre estaba haciendo un enorme esfuerzo por desviar la mirada hacia la derecha. Siguió su mirada y encontró una libreta.

Estaba llena de mensajes que su mamá había escrito meses atrás, cuando aún tenía fuerza en las manos:

«Mi niña hermosa, ya no podré estar contigo, pero tienes que ser fuerte.»

«Cuando yo me vaya, la familia Valiente ya no podrá atarte.»

«No se te olvide: vive tu vida como a ti te dé la gana.»

Aitana se vino abajo. Se aferró al pecho de su madre y lloró como si se le fuera la vida en ello.

Fue la última vez que se permitió ser una niña.

—Mamita... no quiero que te vayas... quiero que te quedes conmigo para siempre...

Su madre parpadeó con muchísimo esfuerzo una última vez, y no volvió a abrir los ojos.

Aitana sintió que le temblaban los labios y se quedó inmóvil, como si hasta respirar fuera a romper ese instante. Parecía que su mamá se había quedado dormida, pero la línea del monitor cardíaco se volvió recta, emitiendo un pitido constante y ensordecedor en el silencio de la habitación.

Cuando pierdes a alguien, el dolor no llega de golpe; primero se instala un vacío extraño, como si el mundo se hubiera quedado demasiado quieto.

Aturdida, Aitana avisó a su tío y al resto de la familia, y luego llamó a la funeraria para encargarse de todo.

En la funeraria le dijeron que necesitaban a un familiar principal para estar a cargo de la ceremonia, rol que podía asumir el yerno de la difunta.

Antes de hacer esa última llamada, se quedó un largo rato con el dedo suspendido sobre la pantalla, sin atreverse a marcar.

Aitana se hizo una promesa mental:

«Si viene a despedirse de mi mamá, le perdono lo que pasó hoy.»

—El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de servicio...

Aitana bajó la vista, como si algo dentro de ella terminara de apagarse. Enseguida le marcó a Ariadna, pero el celular también mandó directo a buzón.

Leandro frunció el ceño. Colgó, agarró su saco y manejó directo a la funeraria.

***

Capilla de la funeraria.

Aitana, vestida con un largo vestido negro, recibía el pésame de los asistentes.

La mayoría eran amigos de sus padres o gente del medio, incluyendo a varios actores famosos, lo que evidentemente atrajo la atención de la prensa.

Su madre había sido actriz infantil; en los noventas, su cara salía en todos los comerciales y revistas del país. Aitana había organizado una ceremonia digna de su trayectoria y le permitió el acceso a un par de periodistas conocidos para que grabaran la salida de la carroza y así poder dar una declaración al público.

Pero en cuanto llegaron los reporteros, la primera pregunta que le soltaron fue:

—Aitana, ¿es cierto que te vas a divorciar?

Aitana se sacó de onda.

—¿De dónde sacan eso?

—Qué bueno que te enteras por mí. No soy el único que trae el chisme. Una cuenta de espectáculos en Twitter publicó que una fuente muy confiable les aseguró que Adrián se va a divorciar de ti, y la prueba está en que ni siquiera se iba a parar en el funeral de tu madre.

Aitana bajó la mirada, intentando ocultar su enojo.

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