Owen se quedó sentado en la sala de recepciones durante mucho tiempo. Tanto, que a Amanda le dio tiempo de guardar su libreta, apagar la grabadora de voz y esperar en la puerta durante casi cinco minutos.
—Señor Fonseca, la directora Estrada tiene otra reunión esta tarde.
El tono de Amanda fue cortés, pero distante.
—¿Prefiere marcharse por su cuenta o desea que llame a alguien para que lo acompañe a la salida?
Fue entonces cuando Owen levantó la vista y forzó una sonrisa rígida.
—No hace falta.
Se levantó, se alisó el traje y, sin decir una palabra más, salió de allí a paso rápido.
Al salir del edificio, Jorge ya lo esperaba junto al auto. Al verlo, se apresuró a acercarse.
—Señor Fonseca, ¿cómo le fue?
Owen se inclinó para sentarse en la parte trasera y, solo después de cerrar la puerta, respondió con voz cansada:
—De vuelta a la empresa.
Jorge lo observó por el espejo retrovisor y, al ver su expresión, no se atrevió a hacer más preguntas.
Justo cuando el auto salía por la entrada principal, Owen rompió el silencio.
—Sobre esa doctora, ¿qué averiguaste?
—Por ahora, casi nada...
Jorge se quedó un tanto perplejo.
—Solo sabemos que se llama Eleonor Muñoz, que atiende en una clínica de medicina natural y que colabora con el Grupo Rodríguez en la investigación de un medicamento especializado para el cáncer. En cuanto a lo demás... la información está muy bien protegida.
—¿Y qué hay de ella e Iker? ¿Tienen alguna relación a nivel personal?
—Bueno...
Jorge vaciló antes de responder con una sonrisa amarga:
—Teniendo en cuenta que estamos en el territorio de la familia Rodríguez, la capacidad de investigar las cosas a fondo está bastante limitada.
—Entonces sigue intentándolo.
Owen cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo. Había un matiz de obstinación en su voz.
—Investiga su relación personal con Iker, averigua de dónde es y si tiene algún vínculo con la familia Estrada.
Aún no podía entender por qué Iker Rodríguez había atacado a su familia con tanta agresividad en Frescura solo por su amistad con Benicio.
A menos que hubiera algo más de por medio.
Por otro lado, Simona apenas llevaba unos minutos sentada en su oficina cuando Amanda llamó a la puerta y entró.
—Jefa, el señor Fonseca ya se fue.
—Mhm.
Simona revisaba unos documentos en su escritorio y no hizo más preguntas.
Amanda dejó el acta de la reunión sobre el escritorio.
—Este es el reporte de la reunión de hoy y la grabación ya está archivada. Además, el joven Rufino llamó hace un momento para avisar que ya hay resultados sobre lo que usted le pidió investigar.
La mano de Simona, que estaba pasando una página, se detuvo.

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