Owen ni siquiera le dio a Ximena la oportunidad de responder y colgó la llamada.
Conocía el carácter impulsivo de ella, pero sabía que era débil frente a los poderosos.
Unas cuantas amenazas bastarían para mantenerla callada.
Del otro lado de la línea, Ximena sintió un gran alivio.
El truco de manipular la conversación, que le había copiado a Cristhian, había funcionado de maravilla.
Sin perder un segundo, envió la grabación.
En cuanto se cargó el archivo, el nerviosismo volvió a apoderarse de ella.
No sabía si ese audio sería suficiente para convencer a Cristhian.
Al fin y al cabo, Owen nunca admitió explícitamente haber planeado todo.
Pero conociendo lo astuto que era ese hombre, sabía que era lo máximo que podía sacarle.
Afortunadamente, la respuesta no tardó en llegar.
Cristhian: —Buen trabajo.
Ese par de palabras bastaron para que la tensión en las manos de Ximena desapareciera.
Al ver que no escribía nada más, dudó un momento antes de armarse de valor y enviar otra pregunta:
—¿Y sobre los acuerdos comerciales entre nuestras familias...?
Si por su culpa las relaciones con los Montiel se iban a pique, su familia no se lo perdonaría jamás.
Cristhian contestó de inmediato.
—Cumpliré mi palabra.
Al leerlo, Ximena soltó el aire retenido y se dejó caer en la silla, sintiendo que un enorme peso desaparecía de sus hombros.
Pero antes de poder relajarse por completo, el celular volvió a vibrar.
Otro mensaje de Cristhian.
Su expresión se volvió a congelar.
—Pero si vuelves a intentar algo en su contra, no habrá una próxima vez.
No había furia ni amenazas dramáticas. Era simplemente la fría afirmación de una realidad.

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