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Mi Marido Prestado romance Capítulo 793

Benicio levantó una ceja, disimulando su sorpresa, manteniendo la vista fija en la carretera, pero sin perderse ni un solo detalle de la conversación.

La respuesta dejó a su madre sin palabras por un instante, hasta que, titubeando, le preguntó:

—Entonces... ¿qué es lo que quieres? Dímelo, hijo.

Cristhian guardó silencio durante unos segundos. De reojo, notó la presencia de Benicio a su lado y se tragó las palabras que estaba a punto de pronunciar.

—...Olvídalo, tengo que colgar.

Terminó la llamada, dejó el celular boca abajo sobre sus piernas y se dedicó a mirar por la ventanilla, sumido en sus pensamientos.

Benicio lo observó por el espejo retrovisor. No hizo ninguna pregunta, simplemente subió un poco la calefacción del auto.

Viajaron hacia el sur bajo el manto de la noche, cruzando los límites de Frescura pasadas las ocho.

Benicio no fue primero a su propio departamento, sino que condujo directamente hacia el Chalet La Brisa Marina.

Al estacionar frente a la casa, apagó el motor y miró a su copiloto.

—Llegamos. Vamos, pasa.

Cristhian, que estaba a punto de quitarse el cinturón, dudó un momento.

—¿Quieres que entre contigo?

—¿Y qué esperabas? ¿Que me desviara para tirarte en algún hotel?

Benicio ya se había bajado. Rodeó el vehículo, dándole un par de golpes amistosos al techo.

—Anda, ven. Tengo que hablar con Simona. Tómate un té caliente con nosotros y luego te vas.

El chalet estaba completamente iluminado.

Simona estaba en la sala revisando unos documentos mientras una empleada dejaba una tetera humeante sobre la mesa de centro.

Al escuchar ruidos en la entrada, levantó la vista.

Primero vio a Benicio y luego notó a Cristhian, un paso detrás de él.

—Simona —la saludó Benicio.

Al cruzarse con su mirada, Cristhian detuvo su paso por una fracción de segundo.

—Simona —dijo, con una voz suave y agradable, muy diferente al tono gélido y afilado que había usado esa tarde en El Encuentro.

Ella dejó a un lado su pluma.

—¿Ya cenaron?

—Algo rápido en el camino —respondió Benicio, dejándose caer en el sofá mientras empezaba a contarle los detalles de lo ocurrido en El Encuentro.

—No cenaste casi nada. Antes de subir, la señora Estrada me dijo que había sopa caliente en la cocina. ¿Quieres que te sirva un poco?

—No, gracias. No tengo hambre —respondió Simona con suavidad—.

Por cierto, ¿cuántos días te quedas en Frescura?

—Depende, quizás me regrese pasado mañana.

Claudio sonrió.

—Justo tengo un par de proyectos que revisar, así que podré quedarme un poco más.

Hablaban con una fluidez natural, sin ser excesivamente íntimos, pero tampoco distantes.

Sentado frente a ellos, Cristhian observaba a Claudio.

Claudio le devolvió la mirada con una sonrisa amable.

—Señor Fonseca, ¿gusta una taza de té? Está muy bueno, es ideal para la garganta.

—Gracias, pero no acostumbro tomarlo —respondió Cristhian.

El tono fue educado, sin faltas de respeto, pero Benicio, sentado al lado, no pudo evitar percibir la sutil tensión en el aire, como una corriente invisible pero innegable.

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