C83-SIEMPRE ESTARÉ PARA LO QUE NECESITES.
Al día siguiente, Angelo fue a la empresa con una expresión relajada que no había mostrado en años. La razón era simple: había comido los mejores panqueques de su vida, había besado a su hija antes de ir a la escuela y había dormido abrazado a su esposa.
¿Qué más podía pedir?
En cuanto al departamento, aún faltaban ciertas cosas, pero él se lo dejaría a Aurora. Como arquitecta, ella decidiría cómo redecorar su castillo. Él solo estaba allí para cumplir sus exigencias.
Caminaba rumbo a su oficina, repasando mentalmente la agenda del día cuando se encontró con alguien: Logan.
No era su amigo del alma, eso se lo dejaba a Grayson, Mason y ahora a Aaron.
Logan solo era su socio y, por desgracia, apreciado por la abuela y la familia.
—¡Angelo! —lo saludó con tono alegre y un dejo de sarcasmo—. Las noticias vuelan. Parece que el Capitán ha ganado la batalla más importante. ¿Reconciliación y una hija? Debes sentirte... completo.
La palabra "completo" sonó como si escondiera mil cuchillos. Angelo dejó de sonreír y su mirada se volvió fría, directa.
Era la mirada del SEAL evaluando una amenaza que debía neutralizar.
—No juegues conmigo, Logan —respondió dando un paso—. Lo que tengo con Aurora nunca estuvo en juego.
El otro le sostuvo su mirada, con el desafío brillando en sus ojos.
—¿Nunca? Ocho años es mucho tiempo para mantener algo... fuera de juego.
Angelo dio otro paso invadiendo deliberadamente su espacio y su voz bajó aún más.
—Sé exactamente lo que intentaste con ella estos últimos días... Y sé que fracasaste. Cada. Maldito. Intento.
La sonrisa de Logan se congeló mientras se ajustaba el puño de la camisa con un gesto que pretendía ser casual.
—Siempre fuiste territorial —dijo con falsa ligereza—. Incluso con lo que abandonaste. Fascinante cualidad, ¿no crees?
Angelo no retrocedió ni un milímetro ignorando su provocación.
—Te lo diré una sola vez: mantente lejos de Aurora.
Logan soltó una risa corta.
—¿Una amenaza entre socios? —arqueó una ceja—. Qué primitivo de tu parte. Pero tranquilo, soldado. Entiendo cuando una batalla está perdida.
Extendió la mano en un gesto burlón de tregua.
—La empresa necesita estabilidad. Y repito: enhorabuena, por tu renovada vida familiar.
Angelo ignoró la mano extendida, lo miró fijamente un segundo más.
—No olvides mi advertencia—dijo, y giró hacia su oficina, dejando a Logan solo en el vestíbulo.
Él bajó la mano lentamente y lo miró irse.
Más tarde en su oficina, Aurora acomodaba unos papeles cuando llamaron a la puerta y un segundo después su secretaria entró con una carpeta.
—Jefa, estos son los permisos que debe firmar para iniciar la construcción de los complejos —dijo, extendiéndole los documentos.
Aurora sonrió, tomándolos con interés.
—Los firmo en un momento.
La mujer se fue y Aurora abrió la carpeta, revisando los planos preliminares con satisfacción. Este proyecto significaba mucho para ella, estaba absorta en los detalles cuando llamaron nuevamente a la puerta.
—Adelante —dijo sin levantar la vista.
La puerta se abrió y Logan apareció con una sonrisa triste pero genuina. Aurora alzó la cabeza, sorprendida y se tensó instintivamente, pero se obligó a calmarse.
—Siempre, Aurora. Siempre estaré para lo que necesites.
Ella le sonrió con calidez.
—Gracias.
Él salió de su oficina y cerró la puerta con suavidad. Pero en el pasillo, la expresión la sonrisa comprensiva se desvaneció, reemplazada por una mueca de amargura y frustración.
Mientras tanto, Aurora se quedó pensando en la extraña conversación, había algo en su tono, que la dejó inquieta. No obstante, sacudió la cabeza, tratando de concentrarse en el trabajo pendiente.
«Mejor firmo estos permisos de una vez» pensó, tomando la carpeta con los documentos para la construcción de los complejos.
Comenzó a revisar los papeles cuando una voz estridente llegó desde el pasillo.
—¡¿Cómo que no está listo?! Te di instrucciones claras esta mañana. ¡¿Es tan difícil seguir indicaciones simples?!
Aurora se quedó quieta, escuchando. La respuesta de la empleada era apenas audible, temblorosa.
—Lo siento, señora, pero el sistema...
—¡No me interesa el sistema! Quiero esos informes en mi escritorio antes de las tres. ¿Entendido?
Era Jimena.
En segundos las palabras de Angela resonaron en la mente de Aurora y firmó el documento casi sin mirarlo, su mente ya en otro lugar. Guardó los papeles en la carpeta y se levantó de su silla con determinación.
Era hora de enfrentar a Jimena de una vez por todas.
Salió de su oficina justo a tiempo para ver a Jimena alejándose por el pasillo, dejando a una joven asistente al borde de las lágrimas. La mujer caminaba con paso firme hacia los baños y Aurora no lo pensó dos veces y la siguió.
«Es hora de ajustar cuentas, Jimena. Tú y yo.»

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