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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 72

C72-¿HUYENDO?

Angelo cruzó el restaurante con pasos decididos. Su corazón latía con fuerza mientras esquivaba meseros y mesas. Aurora ya estaba de pie, recogiendo su bolso.

—¿Te vas tan pronto? —preguntó Angelo al llegar a su mesa.

Ella lo miró como si acabara de encontrar una cucaracha en su plato.

—No es asunto tuyo —respondió intentando pasar a su lado, pero él le cortó el paso.

—¿Huyendo?

—No, solo quiero respirar aire que no esté contaminado por tu perfume caro y el de tu amiguita.

Angelo apretó la mandíbula.

—¿Y qué hay de tu cita? ¿El señor sonrisas perfectas se aburrió?

—Logan no es aburrido —siseó Aurora—. Es muy divertido para que sepas… no como otros que solo piensan en armas y bombas nucleares.

—¿Estás cuestionando mi profesión? —Angelo soltó una risa seca—. Por favor, Aurora, no seas ridícula. Tú misma me dijiste que te gustaba que fuera SEAL.

—Eso fue en el pasado —replicó subiendo el tono—. Así que déjame en paz y mejor regresa con ella.

Angelo dio un paso más.

—Valentina se fue… además, solo era…

—¿Te gusta, verdad? Porque vi cómo te tocaba y tú... —ella se detuvo antes de dejar salir lo que sentía.

—¿Yo qué? —la desafió él, acercándose más.

Aurora agarró su bolso con fuerza.

—Nada, me voy. No tengo por qué soportar esto. —pasó a su lado y él se burló.

—Claro, huye. Es lo que mejor sabes hacer.

Ella se detuvo, pero luego retomó el paso y Angelo la siguió sin perder tiempo. Y justo entonces llegó el camarero.

—¿Señora? ¿Qué hay del postre?

—¡Tírelo! —respondieron Angelo y Aurora al unísono.

El camarero parpadeó confundido, mirando de uno a otro.

—Eh... ¿no lo quieren para llevar?

—¡¡NO!! —contestaron los dos.

—¿Loca yo? ¡Tú eres el que está secuestrando a una mujer en plena calle! —le dio un golpe con su bolso—. ¡Suéltame!

—¡Auch! —se quejó Angelo, pero no aflojó su agarre.

La llevó hasta su Maserati negro, abrió la puerta del pasajero y la metió dentro con un movimiento rápido.

—¡Eres un animal! —gritó ella, intentando salir—. ¡Un cavernícola! ¡Déjame salir!

Angelo cerró la puerta y la aseguró. Desde dentro, Aurora golpeaba el vidrio.

—¡Idiota, déjame salir!

Angelo notó que algunos transeúntes se habían detenido a mirar la escena y les dedicó una sonrisa encantadora.

—Ya saben, no le compré los zapatos Louboutin que quería —dijo con un encogimiento de hombros—. Se calmará.

La gente siguió su camino, Angelo rodeó el auto y entró en el asiento del conductor y ella lo miraba con ojos que lanzaban dagas.

—Déjame salir —exigió.

Angelo encendió el motor, que rugió como una bestia despertando.

—¿Recuerdas lo que te dije en el hospital? —preguntó, mirándola directamente a los ojos—. Te advertí que la próxima vez no iba a parar y… esta es la próxima vez, Aurora.

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