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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 45

C45-ESTABA CELOSO, NO LO VOY A NEGAR.

—¿Estás bien? —preguntó Angelo, viendo la disociación de Aurora.

Porque ella lo miraba, todavía procesando todo lo ocurrido.

—¿Qué demonios haces aquí, Angelo? —preguntó finalmente, buscando calmar las mariposas en su estómago.

—Te lo diré, pero... ¿Me ayudas a subir o prefieres que siga nadando? —respondió él, extendiendo una mano hacia ella.

Aurora dudó un momento, pero finalmente tomó su mano y, con esfuerzo, lo ayudó a subir al bote. El pequeño bote se balanceó peligrosamente cuando el cuerpo empapado de Angelo cayó dentro, salpicando agua por todas partes y Aurora soltó un pequeño grito, aferrándose a los bordes para mantener el equilibrio.

—¡Ten cuidado! ¡Casi nos vuelcas!

Él se acomodó frente a ella, con el agua goteando de su ropa y cabello. Y a pesar de estar completamente empapado, seguía viéndose ridículamente atractivo, con la camisa negra pegada a su torso musculoso.

Uno que ella recordaba demasiado bien.

—Lo siento por el baño —dijo, sacudiéndose el cabello—. Aunque él se merecía algo peor.

Aurora lo miró fijamente, cruzándose de brazos.

—¿Me estás siguiendo? —preguntó directamente—. ¿Cómo sabías que estaría aquí?

Angelo tomó los pedales y comenzó a dirigir el bote hacia la orilla con movimientos expertos.

—Sí, sabía que saldrías con él hoy —admitió sin rodeos—. Pero también sabía quién es realmente Franchesco.

—¿A qué te refieres?

—Tiene antecedentes, Aurora —la mirada de Angelo se endureció—. Dos denuncias por violencia de género y se retiraron porque amenazó a las chicas. Mi contacto me pasó su expediente.

Aurora palideció.

—¿Hablas en serio?

—¿Crees que me lanzaría desde un cisne de pedales si no fuera grave? —respondió él con una ligera sonrisa, intentando aligerar el ambiente—. Cuando me enteré de que saldrías con él... yo...

—Actuaste —completó ella, bajando la mirada.

Entonces Angelo soltó una risa corta que hizo que el corazón de Aurora se acelerara.

Se miraron en silencio por un momento y el aire entre ellos se cargó de emociones no dichas, entonces Angelo dejó de pedalear permitiendo que el bote flotara tranquilamente.

—¿De verdad lo rechazaste por la diferencia de edad? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia ella con una sonrisa traviesa y un tono sensual que hizo que Aurora sintiera un escalofrío—. ¿En serio?

Las mejillas de Aurora se encendieron instantáneamente y desvió la mirada, súbitamente consciente de lo cerca que estaban.

—Bueno, tenía que decirle algo —respondió, jugueteando nerviosamente con el borde de su bolso—. No iba a decirle que prefiero hombres que no necesiten que les explique quién es Bruce Springsteen.

Angelo soltó una carcajada genuina, echando la cabeza hacia atrás y el sonido de su risa hizo que las mariposas en Aurora empeoraran.

—Dios, cómo te he extrañado —dijo él sin pensar.

Y ella lo miró sorprendida por la honestidad en su voz. Pero antes de que pudiera responder, su teléfono comenzó a sonar dentro de su bolso, lo sacó agradecida de la interrupción y miró la pantalla, pero en cuanto lo hizo su rostro perdió todo color de golpe.

—¿Aurora? —preguntó Angelo, notando su cambio—. ¿Qué pasa?

Ella levantó la mirada, con los ojos muy abiertos y una expresión de pánico absoluto.

Era Angela.

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