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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 121

C121-NO PODÍA QUITÁRSELO.

—¡Dios, si… Si…!

El peso de su cuerpo la hundió más en el colchón.

Angelo la tenía de espaldas, con una mano aferrada a su cadera y la otra rodeándole la garganta y los dedos presionando apenas lo suficiente para sentir cada trago que ella daba, cada jadeo roto que escapaba de sus labios.

La penetraba con embestidas profundas, sin pausa, sin el cuidado que otras veces tenía.

Necesitaba sentirla. Necesitaba romperse dentro de ella.

Aurora arqueó la espalda, sus dedos se aferraron a sus muslos, mientras Angelo sentía cómo el coño se apretaba a su alrededor, húmedo y caliente, succionándolo, pidiendo más. Los músculos de sus brazos estaban tensos, marcados bajo la piel sudada y su pecho rozaba la espalda de ella en cada movimiento.

—Angelo —la voz de ella fue un hilo roto.

Él respondió empujando más fuerte.

La mejilla de Aurora tocó la tela fría de la sábana y él la sostuvo de la nuca, sin soltar, mientras seguía embistiéndola feroz, rítmico, desesperado.

Sabía que ella estaba cerca.

Lo sentía en la forma en que temblaba, en cómo se apretaba más, en esos pequeños espasmos que anticipaban el derrumbe.

—Vamos —murmuró contra su oreja, ronco—. Vamos.

Ella alcanzó el clímax gritando su nombre, el cuerpo sacudido por una oleada que la dejó sin aire, aferrándose a él como a un ancla.

Un segundo después, él la siguió.

Se derramó dentro de ella con un gruñido ahogado, la cara enterrada en su nuca, las piernas temblorosas y el corazón golpeándole las costillas como un animal encerrado.

Se quedó así unos segundos, caído sobre su espalda, jadeando, sudado. Luego se dejó caer hacia un costado, salió de ella despacio y la atrajo a sus brazos.

Enterró el rostro en su cuello.

—Perdón… por ser tan brusco.

Ella le tomó la cara con ambas manos, mostrándole sus ojos brillantes y mejillas encendidas.

—No te disculpes. Me gustas en todas tus facetas.

Hizo una pausa, sosteniéndole la mirada.

—¿Cuándo es la próxima junta?

—Dentro de dos días —dijo él.

Aurora asintió levemente, la mejilla aún apoyada sobre él.

—Encontraremos un hueco. Algo… —tragó saliva—. Solo tenemos que seguir buscando.

Angelo no respondió.

Siguió acariciándole el cabello, mirando el techo. Logan llevaba tres meses en la presidencia. Tres meses desmontando pieza por pieza todo lo que él había construido. Y él lo había intentado todo: llamadas a accionistas, reuniones discretas, alianzas que se deshicieron antes de formarse.

Pero Logan estaba blindado.

Tenía a la mitad del consejo comprado y a la otra mitad amedrentada.

Pero ella estaba allí.

Con la mejilla pegada a su pecho y la promesa recién hecha aún flotando en el aire entre los dos.

Y eso, al menos, Logan no podía quitárselo.

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