C118-ACCIONISTA MAYORITARIO
El teléfono sonó como un latigazo en la quietud de la mañana.
Aurora dormía aún, enroscada contra su costado; la sábana caía sobre su cadera, revelando la curva perfecta de su espalda. Era la estampa de la paz.
De un nuevo comienzo.
Angelo, apenas despierto, buscó el teléfono en la mesilla, frotándose la cara con la mano libre. El nombre en la pantalla lo puso en alerta de inmediato: su secretaria.
—¿Diga?
La voz al otro lado era tensa, profesional, pero con un matiz que él conocía bien: alarma.
—Señor Russo, disculpe la hora. Hay una junta de accionistas convocada para esta tarde. Es de carácter urgente. No está en el calendario, me enviaron la notificación hace quince minutos.
Angelo se incorporó bruscamente, procurando no despertar a Aurora; su espalda desnuda tocó el cabecero frío.
—¿Quién diablos la convocó? —espetó con un susurro tenso.
—No lo especifican, señor. Solo que es sobre… la sucesión. Y sobre su posición en la empresa.
La palabra sucesión le perforó el pecho como una aguja helada.
Colgó sin despedirse y se quedó inmóvil, mirando la nada. Los días anteriores había recuperado a su familia y la noche anterior había hecho el amor con ella como si no hubiera mañana, prometiéndole un futuro con cada embestida.
Y ahora, este presente le recordaba que los futuros se ganan, no se heredan.
Aurora se movió a su lado, buscándolo en el sueño.
—¿Todo bien? —murmuró, sin abrir los ojos.
Angelo dudó un segundo, pero luego se recostó de nuevo, la abrazó y enterró la nariz en su nuca, respirando su olor.
—Sí —mintió, con la mandíbula tensa—. Todo bien. Duerme.
Él no durmió.
***
Tres horas después, la sala de juntas de Russo Enterprises le devolvió el eco de sus pasos. Vidrio, acero y una mesa de ébano pulida hasta el brillo ciego reunían a los socios.
No estaban todos.
—Creo que me deben una maldita explicación, Thorne —gruñó.
—Por supuesto. Brevedad, elegancia. Dos virtudes que aprecio.
Logan abrió la carpeta con una lentitud estudiada, haciendo crujir el lomo. Extrajo una hoja, luego otra, luego un gráfico de propiedad accionarial, y lo colocó sobre la mesa.
—A través de varias adquisiciones privadas —dijo, sus ojos azules recorriendo la sala—, me complace informarles que ahora poseo el cincuenta y dos por ciento del capital accionarial con derecho a voto de Russo Enterprises.
El silencio fue tan denso que podía masticarse.
Silvia se llevó una mano a la boca, como si fuera a vomitar, Ricardo se quitó las gafas y se frotó los ojos con violencia, negándose a creer lo que acababa de oír. Los otros dos socios intercambiaron una mirada de pánico líquido; en segundos el aire se volvió irrespirable.
Pero Angelo no se movió.
Sus manos permanecieron apoyadas en la mesa y su rostro era una máscara de control absoluto, pero por dentro el mundo se desmoronaba a la velocidad de la luz.
52 %.
¿Cómo? ¿Cómo carajo?
—Por tanto —continuó Logan, saboreando cada sílaba—, y de acuerdo con los estatutos, ejerzo mi derecho como accionista mayoritario y exijo la presidencia ejecutiva de la junta directiva. De forma efectiva e inmediata.

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