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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 341

La arrogancia y el desprecio se notaban a leguas.

Renata apretó los labios...

La recepcionista titubeó un segundo: —Ah, señorita Yepes.

Como buena empleada corporativa, sabía leer la situación a la perfección. Al notar que Ximena no soportaba a Renata, decidió que no valía la pena ser amable con ella.

Después de todo, toda la élite de la ciudad sabía que Ximena Zapata era prácticamente la hermana protegida del poderoso Enrique Yáñez.

¿Y quién diablos era Renata Yepes?

Ni en su casa la conocían.

—Señorita Yepes, entonces acompáñenos —dijo la empleada con tono seco y desganado.

Inmediatamente después, volvió a enfocarse en Ximena, deshaciéndose en halagos mientras la guiaba hacia los elevadores.

Renata las miró fijamente por la espalda y, sin decir una palabra, las siguió.

...

Noveno piso, sala de espera.

La recepcionista no se despegó de Ximena en ningún momento. Le trajo fruta, le sirvió café, tratándola a cuerpo de rey.

Renata, por supuesto, no recibió ese trato.

Pero a Renata tampoco le importaba.

Buscó un asiento vacío, sacó su carpeta con el proyecto de diseño y comenzó a repasarlo mentalmente. Después de un rato, se sintió tan mal que tuvo que cerrar los ojos y recargar la cabeza en el respaldo de la silla.

Le dolía la cabeza horrores; seguramente el efecto de la medicina ya había pasado y la fiebre estaba regresando. Todo su cuerpo protestaba, y sentía los músculos entumecidos y adoloridos.

Al otro lado de la sala, Ximena respondió distraídamente a las zalamerías de la recepcionista. Su mirada se desvió hacia Renata, y al notar la carpeta con los diseños sobre sus piernas, entrecerró los ojos con malicia.

Fingiendo preocupación, Ximena comentó: —Oye, veo que la señorita Yepes no se siente nada bien. ¿Por qué no le sirves un café o algo caliente para tomar?

—¿Eh? —La recepcionista se quedó sorprendida y volteó a ver a Renata. Su rostro estaba tan pálido que, efectivamente, parecía estar a punto de desmayarse.

—¡Claro, voy de inmediato!

La recepcionista aceptó apresuradamente. Aunque era convenenciera, sabía que en situaciones así era mejor evitar que alguien colapsara en las oficinas.

—Gracias, qué amable eres —sonrió Ximena, aunque la sonrisa no llegó a sus ojos. Al ver que la empleada tomaba el vaso con agua caliente y se dirigía hacia Renata, se levantó en silencio y caminó tras ella. Su sonrisa desapareció por completo...

La recepcionista se acercó a Renata con el vaso de agua humeante. Liberó una mano para darle un golpecito en el hombro y la llamó: —Señorita Yepes, ¿se siente mal? ¿Quiere que vaya a buscarle alguna medicina o... ¡Ah!

Antes de que pudiera terminar la frase, sintió un fuerte empujón en el brazo. Perdió el equilibrio y el vaso de agua hirviendo cayó directo sobre los documentos que Renata tenía en el regazo. Quedaron empapados al instante.

Renata soltó un quejido de dolor por lo caliente del agua, abriendo los ojos de golpe, su mente nublada por la fiebre se aclaró de tajo por el impacto.

Ignorando el ardor en sus piernas, se puso de pie rápidamente con los documentos en la mano y agarró un puñado de servilletas de papel para intentar secarlos.

Pero ya era demasiado tarde. La tinta de las páginas se había corrido por completo, volviéndolas ilegibles...

El rostro de Renata palideció aún más. Sus manos se detuvieron en seco, y una ola de ira comenzó a hervirle en el pecho, golpeando con fuerza desde adentro.

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