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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 955

Emilia no era cualquier abogada; era la pupila del legendario David Aranda.

Llevando el peso de ese prestigio, su imagen personal tenía que ser impecable. Incluso sus tarjetas de presentación estaban diseñadas por profesionales exclusivos.

La tarjeta con letras doradas desprendía un sutil y sofisticado aroma.

Gritaba elegancia, estatus y poder.

Además, aunque acababa de bajar de un vuelo nocturno hacia el suroeste del país, Emilia no mostraba ni un gramo de agotamiento.

Llevaba un traje sastre de diseñador perfectamente entallado, zapatos de cuero hechos a mano que brillaban con luz propia y un clásico abrigo color camello que nunca pasaba de moda.

Unos elegantes lentes de armazón dorado enmarcaban su rostro, y su cabello negro caía en una coleta alta, pulida y sin un solo cabello fuera de lugar. Cada centímetro de ella exudaba el aura de una abogada de la élite corporativa.

Para Marisol, que había crecido en un entorno rural y que deseaba desesperadamente pertenecer a la gran ciudad, el impacto fue devastador.

¡Emilia parecía alguien intocable!

Frente a ella, Marisol sintió una punzada de envidia y un profundo complejo de inferioridad. Se sintió patética, insignificante.

Ni siquiera se atrevió a sostenerle la mirada a Emilia.

Tenía miedo de que sus propios ojos reflejaran lo ordinaria que se sentía.

La sola presencia de la abogada fue un golpe aplastante para su ego.

En el instante en que sus dedos temblorosos tomaron la tarjeta, todo su coraje se desmoronó.

Nerea observó cada uno de sus gestos, cada cambio en su expresión. —Señorita Montes, por lo que escuché hace un momento, me parece que es usted una mujer razonable, muy distinta a su madre. El abuelo crio a Mateo con mucho sacrificio, así que es justo y legal que la indemnización quede en sus manos, ¿no cree?

Al sentir que Nerea la validaba de alguna manera, Marisol enderezó la espalda y asintió apresuradamente. —Tiene toda la razón, yo pienso exactamente igual. ¡La verdad es que yo nunca quise buscar un abogado, fue idea de mi madre!

Sin dudarlo un segundo, Marisol le echó toda la culpa a Chela.

—Mi mamá me llama todos los días armando un berrinche de muerte. Llora, grita, me vuelve loca. Como llevan unos días aquí, seguro ya se dieron cuenta de cómo es. Me tenía tan harta que le dije que sí nada más para que me dejara en paz. Pero, le juro que nunca he pensado en contratar a nadie para demandar a don Hipólito.

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