Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 883

Al ver la escena, Nerea comprendió de inmediato por qué Patricia le había pedido que la acompañara.

Dio un paso al frente con rapidez, apartó a Lázaro de un empujón y tomó a Patricia en brazos antes de que alguien más pudiera intervenir.

—Señorita Galarza —dijo Lázaro con falsa cortesía—, por favor, déjeme a la señorita. Yo me encargaré de llevarla a su habitación para que descanse.

Nadie sabía si ese mayordomo guardaba rencor y aprovecharía la oportunidad para hacerle daño a Patricia.

Patricia no confiaba en él, y Nerea tampoco.

—No es necesario. Es mi prima y es mi deber cuidarla. Yo la llevaré. Usted debe tener muchos asuntos urgentes que atender con el velorio, Lázaro. No pierda su tiempo aquí, vaya a hacer su trabajo.

Lázaro abrió la boca para replicar, pero un empleado se acercó corriendo a buscarlo por una emergencia, así que no le quedó más remedio que retirarse.

Nerea siguió a otro empleado, llevando a Patricia en brazos hasta una habitación de invitados.

Una vez adentro, Nerea cerró la puerta con seguro, corrió las cortinas y revisó rápidamente que no hubiera cámaras ocultas.

Se acercó a la cama y confirmó:

—Todo despejado.

Patricia abrió los ojos de inmediato y esbozó una gran sonrisa.

—Gracias, prima.

—¿Por qué montaste todo ese teatro de desmayarte? —preguntó Nerea mientras caminaba hacia el baño de la habitación.

Patricia se sentó en la cama con las piernas cruzadas, siguiendo a Nerea con la mirada.

—Ni loca me iba a quedar toda la noche en el velorio de ese infeliz. Pero si no venía a hacer acto de presencia, a la hora de repartir la herencia me iban a hacer la vida imposible.

Cuando Nerea salió del baño, llevaba una toalla húmeda y limpia en las manos, y se la entregó.

—Límpiate esa cara.

Patricia tomó la toalla, agradecida.

—Mil gracias, prima.

Nerea la miró con genuina curiosidad.

—¿Cómo le haces para llorar así? Parecía tan real.

Patricia sonrió con tristeza.

—Solo pensé en mi mamá y en mi hermanito.

Con razón el llanto había sido tan desgarrador.

—¿Y qué vas a hacer cuando nosotros nos vayamos? —preguntó Nerea—. ¿Se supone que esta noche debes quedarte velando el cuerpo?

—Tranquila, tengo un as bajo la manga —respondió Patricia, guiñándole un ojo.

Capítulo 883 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio