Patricia era la salvadora de Leonardo, y ahora, había ido personalmente a visitar a las abuelas.
En agradecimiento, le pidieron a Leonardo que la invitara a cenar en su nombre.
Restaurante Brisa Marina.
Mientras saboreaba el pescado que Leonardo le había limpiado cuidadosamente, Nerea le preguntó a Kevin: —¿Por qué aparecieron Marisa y su hija en el hospital?
Kevin le resumió la situación con el proyecto cancelado.
Los ojos de Patricia brillaron con astucia. —Si ya habían firmado un acuerdo de intención, ¿cancelarlo implica pagar una penalización, no?
Kevin asintió, aunque dejó claro que esa suma era insignificante para él.
Patricia continuó indagando. —Kevin, ¿te parecía buena la propuesta comercial de Grupo Quiles?
El proyecto había sido revisado y modificado durante más de un mes de negociaciones arduas. Kevin solo había autorizado el acuerdo cuando estuvo convencido de que era impecable.
Tras recibir una respuesta afirmativa, Patricia levantó su copa y miró a Kevin con una sonrisa radiante. —Kevin, ¿qué te parece esto? Si Grupo Quiles acepta cambiar al responsable del proyecto, ¿Grupo Rojas consideraría reanudar la alianza? Así no tendrían que pagar ninguna penalización.
Kevin la analizó con calma, sin mostrar sus cartas. —¿Insinúas que...?
Patricia asintió, sin titubear. —Exacto. ¿Qué te parece si la nueva responsable soy yo?
—En teoría no habría problema, pero, Patricia... —Kevin la observó de arriba a abajo, evaluándola.
Ella sostuvo la mirada, segura de sí misma. —Puedes hablar con total franqueza, Kevin.
Él fue directo al grano. —¿Fuiste a la universidad? ¿Tienes alguna experiencia laboral en el mundo corporativo?
Dejar un proyecto de esa magnitud en manos de una novata sin experiencia sería un suicidio empresarial.
Una cosa era la gratitud personal, y otra muy distinta, los negocios.
Tenía que responder por miles de empleados.
Patricia se giró hacia Leonardo. —Creo que mi cuñado es la persona indicada para responder a eso.



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