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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 859

Tras el empujón, ambas mujeres impactaron contra el pavimento.

Doña Salomé cayó de rodillas.

En el instante en que su rótula golpeó el suelo, escuchó un crujido sordo. Un dolor punzante le atravesó la pierna.

Su visión se oscureció, y el sufrimiento casi la dejó paralizada, incapaz de articular palabra.

Doña Belén, por su parte, cayó sentada. Al sentir el impacto del duro pavimento contra su coxis, supo que no podría levantarse.

Con los huesos frágiles por la edad, el dolor agudo le hizo sospechar que se trataba de una fisura o una fractura.

Ambas estaban pálidas, bañadas en sudor frío y respirando con dificultad.

En cuestión de segundos, una multitud se congregó alrededor. Algunos, indignados por la escena, alzaron la voz.

—¡Cómo pueden tratar así a unas ancianas!

—Esto es demasiada brutalidad.

Un par de personas de buen corazón dieron un paso al frente para ayudarlas a levantarse.

Pero uno de los guardias gritó:

—¡Ustedes no saben nada! Estas mujeres se aprovechan de su edad para venir a la tienda a comer y beber gratis. ¡Y no solo eso! También insultaron a nuestros clientes. Para proteger a nuestros compradores, tuvimos que echarlas.

Al escuchar esto, quienes iban a ayudarlas dudaron y retiraron las manos.

—¿Quién lo diría? No parecían esa clase de personas.

—Pero aunque fueran unas aprovechadas, los guardias se pasaron. ¡Cayeron muy fuerte! Mírenlas, siguen en el suelo.

—Se ven muy mal... están pálidas y sudando. Deben estar lastimadas.

Los guardias, al notar el estado de las ancianas, empezaron a temer haber usado demasiada fuerza.

Solo querían lucirse frente a la señorita Renata para ganar una buena propina.

No querían meterse en problemas legales.

Justo cuando dudaban si debían acercarse a ayudarlas.

Renata salió de la tienda rodeada por el gerente y las vendedoras, caminando como una reina.

Capítulo 859 1

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