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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 855

Paola llegó frente a Renata Quiles, sosteniendo la bandeja de terciopelo con las joyas.

El gerente iba pegado a ella, haciéndole señas frenéticas con los ojos para que se arrodillara y suplicara perdón.

Bajo la mirada atónita de las dos ancianas, la joven empleada cedió ante la presión y se dejó caer de rodillas contra el pulido suelo de la tienda.

—Le ruego me perdone, señorita Quiles. Fui una incompetente por no reconocerla y la ofendí. Por favor, sea tan amable de pasar por alto mi atrevimiento esta vez.

Renata se recargó en el lujoso sofá de piel, mirándola con profundo desprecio desde su posición de superioridad. —¿De verdad lo sientes? Porque tu tono me dice que lo estás haciendo a la fuerza.

—¡Lo dice de corazón, se lo aseguro! —intervino el Sr. Valadez, arrastrándose con adulaciones mientras le daba golpecitos disimulados con el pie a Paola—. ¡Agacha la cabeza y ruégale a la señorita Quiles para que te perdone la vida!

—Por favor, no —dijo Renata con una risa burlona—. Si alguien la ve, van a pensar que soy una tirana que usa su dinero para pisotear a la gente y humillarlos. ¿Y luego quién va a limpiar mi reputación?

—¡Para nada, señorita Quiles! Todo fue culpa de ella. Además, nadie la obligó, ella solita quiso arrodillarse para demostrar su arrepentimiento. Usted no tiene nada que ver.

El gerente continuó con su teatro: —Usted es una mujer hermosa y generosa, siempre que viene nos trata de maravilla. Todos aquí la admiramos. Si alguien se atreve a decir una mentira sobre usted, yo seré el primero en defenderla.

Renata sonrió, completamente satisfecha de su humillación pública, y extendió la mano. —A ver, pruébamelo.

El gerente empujó a Paola.

Paola avanzó de rodillas hasta quedar a los pies de Renata, poniéndole con manos temblorosas la pulsera y los anillos.

El Sr. Valadez también se apresuró a ayudar, colocándole el collar, los aretes, los broches y hasta un prendedor.

Otra empleada se acercó rápidamente con un espejo para que se admirara.

El resto del personal se agrupó alrededor, lanzándole cumplidos exagerados y adulándola descaradamente con toda clase de piropos.

Renata estaba en el cielo. —Me llevo este.

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Capítulo 855 1

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