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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 749

Con el arresto de Alexander y Felipe, la mansión Encinas se cubrió de una nube negra.

El abuelo seguía delicado de salud y la abuela estaba en el hospital tras su derrame cerebral.

Alexander se había divorciado y nunca se volvió a casar.

La esposa de Felipe era igual que él, una empresaria adicta al trabajo que se la pasaba de viaje en viaje; tampoco estaba en la ciudad.

Los más jóvenes de la familia estaban estudiando o trabajando.

En ese momento, en toda la familia Encinas, Álvaro era el único con la autoridad para tomar las riendas de la situación.

No podía simplemente hacerse de la vista gorda.

Le marcó a su cuñada; ella ya estaba enterada y andaba moviendo sus contactos.

Decidieron dividirse el trabajo.

Ella se encargaría del caso de Felipe y Álvaro investigaría la situación de Alexander.

Si necesitaban ayuda, se echarían una llamada.

Al colgar, Álvaro miró a Nerea.

Acababa de salir del hospital, aún no se recuperaba por completo, y con el insomnio que traía, se veía agotada.

Solo se mantenía en pie por pura fuerza de voluntad.

No quería arrastrar a Nerea a este enorme problema de los Encinas.

Ya suficiente había aguantado cuando se quedó en la mansión por la enfermedad del abuelo, soportando las groserías de la familia y las indirectas venenosas de la abuela.

Si dejaba que la consumieran estos problemas, se iba a desgastar y no tendría energía ni tiempo para hacer las cosas que realmente le importaban.

Quería decirle que se fuera a hacer su vida, que no se preocupara por él, que podía manejarlo solo.

—Nerea, tú deberías...

—Papá —lo interrumpió ella antes de que terminara la frase.

Como familia, Nerea sabía perfectamente lo que Álvaro estaba pensando.

Aunque no le tenía cariño a la familia Encinas y no le interesaba meterse en sus broncas.

Álvaro era su papá.

No de sangre, pero valía mil veces más que uno biológico.

Desde que nació, Álvaro la cuidó, la crio y la educó como a su propia hija.

La consentía, la amaba, la respetaba, la apoyaba y siempre veía por su bienestar.

No podía simplemente darle la espalda a ese cariño.

En lugar de quedarse en casa muriéndose de angustia, era mejor encargarse primero del asunto de Valentina.

Lo de su complicidad con el abogado tenía que aclararse lo más pronto posible.

Al fin y al cabo, ella estaba prófuga.

Si lograba transferir el dinero de la abuela, recuperarlo iba a estar en chino.

El mayordomo reunió al personal, especialmente a los que cuidaban al abuelo, y les dio instrucciones muy estrictas. Luego mandó a alguien meticuloso al hospital.

Después, se fueron al cuarto de seguridad.

Lo que vieron los dejó con la boca abierta.

En el video se veía claramente a Valentina escabulléndose en el despacho de Alexander a media noche, con una actitud sumamente sospechosa.

Al salir se topó con Moisés.

Lástima que el muchacho era demasiado ingenuo.

Ni siquiera notó que Valentina estaba pálida del susto y sudando frío.

Y no solo había entrado al despacho de Alexander, también se había metido al de Felipe.

Tomando en cuenta que a ambos se los habían llevado esa misma mañana para investigarlos...

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