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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 734

Nerea lo miró con frialdad.

—¿Qué me ves? ¿Y por qué me gritas? ¿Que con qué derecho? Te pegué porque te lo ganaste. Ni siquiera sabes qué está pasando, escuchas dos o tres palabras y ya vienes a acusarme de abusiva. ¿Crees que la estoy maltratando?

Nerea volteó a ver a Valentina. Ella se quedó callada.

Al ver su silencio, Nerea soltó un resoplido de desdén, volvió a levantar la mano y... ¡Zas!

La bofetada hizo que Valentina tropezara hacia atrás.

Valentina se llevó la mano a la mejilla enrojecida.

—Nerea... ¿por qué me pegas?

Nerea la miró con burla.

—Vaya, sí puedes hablar. Creí que te habían comido la lengua los ratones. ¿Por qué no le contestaste? ¿Querías que Moisés creyera que en serio te estaba haciendo algo malo? Te recuerdo que hay cámaras de seguridad y que el mayordomo ha estado aquí todo el tiempo. Te lo vuelvo a preguntar: ¿te estaba maltratando?

Valentina tartamudeó:

—Yo... es que me asusté, no fue mi intención quedarme callada. Per... perdón, Nerea.

—Ya que admites que la regaste, y ya que me llamas "hermana mayor", es mi deber poner en su lugar a mis hermanos menores cuando se portan mal. ¿Hice mal en darles una bofetada?

En ese momento, Nerea parecía poseída por el mismísimo diablo. Era imponente y despiadada. Si de por sí la acusaban de ser la mala del cuento, pues iba a serlo con todas las de la ley. Los iba a poner en su lugar de frente y con orgullo, a ver quién se atrevía a reclamarle.

Haberle soltado un golpe a ese par de idiotas fue justo lo que necesitaba para sacarse el coraje entripado que traía.

—Valentina, te lo voy a decir por última vez: no te soporto. Haznos un favor a las dos y, cuando me veas, haz de cuenta que soy una desconocida. Si sigues de encimosa queriendo jugar a la familia feliz, no tendré ningún problema en volver a usar mi autoridad de "hermana mayor" para enseñarte a respetar.

—Papá, acabo de golpear a Moisés. ¿Te metí en un problema con la familia?

—Tú eres la mayor, poner en cintura a tus primos y hermanos es lo más normal del mundo. ¿Por qué habría de molestarme? Tus dos tíos deberían darme las gracias por tener una hija tan bien portada y capaz como tú.

—Si te vuelven a hacer un berrinche o te faltan al respeto, tú dales su merecido. Árbol que crece torcido, hay que enderezarlo. Si les rompes algo, no importa, los Encinas tienen un montón de chamacos corriendo por ahí; no pasa nada si faltan un par.

Nerea no pudo evitar soltar una carcajada.

—Más te vale que mis tíos no te escuchen decir eso. Como no son tus hijos, a ti te vale darles sus buenos trancazos.

Álvaro asintió con total normalidad.

—Pues claro. Como no son mis hijos, ¿por qué me van a doler? Yo solo me preocupo por ti y por Jaime. Mi niña, nunca dejes que nadie te pisotee. Lo que hiciste hace rato estuvo perfecto.

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