Catalina solo le dijo una frase:
—La única libertad que te queda es tu trabajo.
—No la pierdas nunca.
Esa misma noche, Catalina recibió el alta del hospital.
Mientras esperaba el ascensor, recibió una llamada de Manuel.
Su tono era urgente:
—Hoy me llamó Polo, insistiendo en que te llevara a verte con ellos.
—Lo rechacé, pero creo que algo huele mal. ¿Será que descubrieron algo?
Catalina recordó que la última vez Laura había mandado a seguir a Noelia:
—Seguro que alguien tiene demasiada curiosidad por el nombre "Siete".
—Recházalos sin más.
Manuel cambió de tema:
—¿Cómo estás de salud?
—Tenía miedo de que sospecharan, así que no me atreví a visitarte.
Catalina respondió:
—Ya estoy bien, me van a dar el alta.
—No te preocupes.
Apenas terminó de hablar, sintió que una sombra alta y familiar se acercaba por su derecha.
Miró de reojo.
Era Leo, acompañado de Polo.
Él la observaba fijamente.
Catalina colgó el celular y, como si no lo viera, entró al ascensor.
Los dos también entraron.
En cuanto vio a Polo, Catalina supo que tendría que oír sus tonterías otra vez.
Y así fue.
Apenas las puertas del ascensor no se habían cerrado del todo, Polo comenzó:
—¿Qué haces aquí?
Catalina miró al frente y respondió con desgano:
—Vine de vacaciones al hospital.
—Catalina, lo de la caída de Antonio al agua lo hiciste a propósito, ¿verdad?
El tono de Polo era agresivo:
—Si no fuera porque no hay cámaras, ahora estarías de vacaciones en la comisaría.
Catalina lo miró directamente:
—Si no fuera porque no hay cámaras, ahora mismo te denunciaría por calumnias.
Polo estaba furioso:
—¿Hasta cuándo piensas seguir aferrada a Leo?
—¿No decías con tanta seguridad que te ibas a divorciar?
Leo intervino con voz tranquila:

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