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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 682

Capítulo 682 Dio un par de pasos y, al ver que ella no lo seguía, tuvo que volver.

-Vamos.

Solo entonces se dio cuenta de que le estaba hablando a ella. Se secó las lágrimas de un manotazo y caminó detrás de él. A sus espaldas, sus compañeros empezaron a cuchichear.

-¿Qué pasó?

-¿Por qué llora Olivia?

-No sé...

-¿Olivia y Adrián son amigos?

-Antes iban al mismo salón. Oigan, ¿no será que esos dos...?

-No, para nada. Si normalmente ni se hablan.

Olivia dejó de escuchar el resto de la conversación.

Tampoco prestaba atención a esos rumores.

Caminaba detrás de Adrián y le miraba las piernas musculosas, que desde ese ángulo parecían más largas y firmes.

La llevó a una heladería frente al colegio. Señaló una mesa vacía.

-Siéntate.

Se quedó de pie, inmóvil.

-Si no te sientas, me siento yo, ¿eh? -Y se sentó primero, en el asiento de adentro.

Entonces ella también se sentó, junto a él. La miró, extrañado. Lo normal habría sido sentarse frente a frente; si no, ¿cómo iban a conversar?

Pero, al verla llorar así, no insistió. Le pidió a la señora que atendía el local que les llevara un vaso de agua de horchata y, al notar que ella seguía llorando, le preguntó:

-¿Quieres un raspado?

No tenía ganas de comer nada...

Bastó con que él mencionara la palabra "piernas", las lágrimas que tanto le había costado contener volvieron a salir.

-Olivia, hoy estás...-No terminó la frase. Se quedó paralizado. Debajo de la mesa, ella le había apretado el muslo.

Su primer impulso fue quitarle la mano de golpe; todo había sido demasiado repentino...

Pero esto era lo que se agolpaba dentro de Olivia. Era verdad, todo era real; sentía la textura de su músculo, firme, ¿cómo iba a ser esto un sueño? Así que ella no estaba soñando. La Olivia que estaba en Londres era la que soñaba, ¿no? Adrián no había perdido las piernas; seguía ahí sentado, sano y completo. El que había desaparecido era el Adrián del sueño...

¿Quién podía decirle qué era sueño y qué era realidad?

Después de apartarle la mano, Adrián la vio volver a Ilorar, casi hasta ahogarse, así que no tuvo de otra que tomársela de nuevo y ponérsela en la pierna.

Habló más bajo.

-Ya, ya, no llores. Apriétala, ¿sí? Apriétala, pero no Ilores más. Mejor dime, ¿por qué demonios estás llorando?

No sería porque quería apretarle la pierna, ¿o sí??

Desde cuándo tenía esa maña? Olivia seguía sintiendo esos músculos bajo su tacto, reales, firmes y llenos de vida.

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