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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 572

Capítulo 572 Después de bailar en esa casa, Olivia siguió con Camila y los chicos hacia la siguiente, y Adrián volvió a sacar el celular para grabar un video.

Camila preguntó con curiosidad:

-Maestra Muñoz, ¿por qué me da la impresión de que este señor la conoce más de la cuenta?

-Es mi exesposo -dijo Olivia con toda franqueza.

-¿Eh?-Tras el asombro, Camila cayó en un dilema-.

¿Y yo que antes había estado conversando con él? ¿ Cuál se supone que debe ser mi postura ahora??

Debo odiarlo a muerte o detestarlo?

Olivia rio con la ocurrencia de Camila.

-No te preocupes, ya es cosa del pasado, lo que él haga con su vida no es mi problema.

-Eso no, no puedo seguirle hablando. -Camila tenía bien encendido el espíritu de solidaridad-. Si alguien tan increíble como usted terminó divorciándose, quiere decir que ese sujeto no es una buena persona.

Olivia negó con la cabeza con una sonrisa.

-Basta de drama, inos toca bailar!

La música y las voces de los chicos volvieron a encender el ambiente. Con los compases alegres, los pies apenas daban abasto, ¿quién iba a acordarse de viejos rencores? Hacía rato que se habían disipado.

*** Por la tarde, Olivia salió con Camila a recorrer el mercado navideño. Una vez ahí, ya no querían irse.

Vino caliente especiado, manzanas asadas, dulces de repostería artesanal, salsas y bocadillos típicos del lugar... bueno, hasta tacos de pollo pudo comer Olivia.

Había de todo, de un extremo del lugar al otro las dos iban tomadas de la mano. Lo que más las cautivaba eran las piezas artesanales. En los puestos abundaban detalles únicos y llenos de diseño: gorros tejidos preciosos, velas hechas a mano, joyería, juguetes de madera, prendas de lana. Eran cosas que no se veían en otra parte; Olivia se moría por llevarse una de cada cosa.

Al final, se detuvo frente a una vasija de barro. A ella le encantaban las tazas, los platos, los frascos y cualquier cacharro de ese estilo, y esa vasija le había llegado al alma. Pero...

Miró las grandes bolsas que cargaba: no solo no tenía espacio, sino que, aunque cupiera, era imposible llevarse una pieza tan grande hasta el otro lado del mundo. Dejó sus cosas en el suelo y abrazó la vasija, sin querer soltarla.

Olivia alzó la mirada: ay, no, esta alma en pena no descansa.

-¿Otra vez tú? -dijo Olivia, y le dio un sorbo a su bebida.

La verdad era que sí le agarró gusto al sabor de esa cerveza, aunque quizá no era a la cerveza en sí; era que en esos días, rodeada del baile más puro y de bailarines igual de genuinos, se olvidaba de los problemas del mundo.

-Nosotros también vinimos a recorrer el mercado - dijo Adrián-. Mañana volamos de regreso. ¿Y ustedes?

-Qué casualidad, nosotras no -se apresuró a contestar Camila.

Desde que esa mañana se enteró de que Adrián era el exesposo de Olivia, Camila había tomado una decisión: no podía mostrarse demasiado amable con este sujeto; antes ya había cometido un error y ahora le tocaba enmendarlo.

Adrián notó el cambio de actitud, miró otra vez a Olivia y se rio de sí mismo.

-Parece que no soy muy bienvenido.

Anna, que iba a su lado, no pudo contener una risita al escucharlo.

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