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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 161

••Narra Derek••

Las dos mujeres esperaron a estar reunidas nuevamente para contar su versión de los hechos. Kira mencionó la razón por la que terminó en ese deplorable estado y por primera vez en demasiados años, hice un gesto de sorpresa digno de ser catalogado como exagerado.

No me importaba que mis padres mintieran respecto a la supuesta relación que tuvimos Kira y yo, pero si me importaba lo que pensara Erika. Porque con mis antecedentes, no podría defenderme. Así mismo, ella podría arrancarme la cabeza, porque meterme con su mejor amiga era el equivalente de comerme su corazón con un tenedor.

Sin embargo, Erika parecía estar demasiado tranquila, ni siquiera hizo la más mínima mueca.

―¿No te molesta? ―interrumpí la narración de Kira.

―Ya me lo había contado y admitió que fue un invento de tus padres, que ustedes jamás tuvieron nada.

Kira nos miró a ambos con confusión, pero no hizo ningún comentario.

―¿Y Black? ¿Cómo se liberaron de él?

Ambas se miraron y no encontraban que decir. Parecía que se estaban comunicando de una forma que no podía comprender.

―¿Por qué no dicen nada? ¿Acaso lo mataron? ―dije con un tono humorístico a pesar de mantener la misma expresión distante.

Ambas se volvieron a mirar, horrorizadas.

―No puede ser. ¿En verdad lo mataron? ―Levanté una ceja, impresionado.

Tendría que ocultar su cadáver y encargarme de los testigos. No debería ser un problema, pero debería comenzar a trabajar desde ahora para evitar que el problema se extienda.

―Bueno… No sabemos ―Erika miraba a todos lados, como si le pidiera ayuda al universo para expresarse―. Yo le rocié un pesticida en los ojos y creo que lo maté, o al menos, lo dejé ciego.

―¿Eso hiciste? ―Las comisuras de mis labios se levantaron. Traté de disimularlo, porque no quería que pensara que aprobaba sus acciones, pero no pude resistirme.

Esa era mi pequeña. Esa era mi Erika.

Mi mujer se encogió de hombros, quitándole importancia.

―Me encargaré de averiguarlo. Ahora, vamos a casa.

―¿Y Kira? ―preguntó Erika, tomando las manos de su amiga.

Sé lo que se siente que tú destino esté en manos, y no voy a permitir que Kira siga bajo el yugo de sus desalmados padres. Por dos simples razones.

Razón número uno: Kira ha sido buena con Erika durante todo este tiempo, a pesar de no haberla cuidado como es debido. Aunque mi esposa también tiene responsabilidad en esa parte por no haberle dicho a nadie.

Razón número dos: Erika me arrancaría la garganta en el acto si llegaba a descuidar a Kira y algo le pasaba.

―Bien, todo resuelto. Mientras tanto puedes quedarte acá. Espero que no te aburras cuando esté trabajando. Puedes jugar a las cartas con Carla ―dijo mi esposa, acariciando la cabeza de Kira como si fuera un perro.

―Deberías quedarte un tiempo en casa haciéndole compañía a Kira ―dije, fingiendo desinterés.

Erika entrecerró los ojos, mirándome como una fiera.

―Buen intento, Derek. Pero mañana voy a volver al trabajo ―declaró, elevando la mandíbula con orgullo, retándome.

Podría despedirla, era mi banco. Pero no lo haría, porque sé que ella es feliz ahí. Lo notaba. No me atrevía a quitarle eso, no podía arriesgarme a que vuelva a caer en depresión.

Pero era un riesgo teniendo a mis padres sueltos. Tengo que encargarme de ellos primero. Ya estuve jugando demasiado.

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