Derek caminó hacía nosotras con paso seguro y las venas a punto de salirse de su frente.
―Erika, ¿qué hace ese hombre aquí? ―susurró Kira, a mi lado.
Se me olvidaba que ella no estaba al tanto de nuestro matrimonio, que era un secreto a voces. Aunque, como el círculo social de Derek parecía estar al tanto, pensé que ella también sabía.
―Bueno, a mí viene a matarme ―susurré con sutileza―. A ti tal vez te deje vivir. Pero nuestra mejor opción en estos momentos es volvernos bolitas y tirarnos al suelo.
―¡Una hora, Erika! ―habló con autoridad, tomando mi rostro entre sus grandes manos―. ¡Te dije que te dejaría sola una maldita hora y ocasiones un desastre! ¿No puedo salir de casa ni un minuto?
Sus ojos eran como dos llamas siendo rociadas por gasolina. Analizó mi rostro sin soltarme, debatiéndose entre la preocupación y el enfado.
―¿Cómo se te ocurre hacer una estupidez como esa? ¿Sabes todas las cosas que pudieron salir mal?
―Mi amiga me necesitaba. Tus padres aparecieron en la mansión, me dijeron que Kira estaba en peligro y tuve que ir…
―¡Debiste llamarme! ―gritó con fuerza, interrumpiéndome.
―¿Para qué? ―Imité su nivel de voz―. ¿Para qué me dijeras que no me meta en sus asuntos?
―¡Claro que sí! Si me lo hubieras pedido, yo mismo sacaba a Kira de esa casa ―Sus manos viajaron a mi nuca, causando que me acerque más a él―. ¿No aprendiste nada del pasado? Solo tienes que pedirlo y yo me haré cargo. ¡No me escondas las cosas, no actúes sin mi conocimiento!
―No podía arriesgarme. Me daba miedo que te negaras por problemas empresariales, ya que no sé si tienes negocios que mantener con ese hombre o una relación estrecha por compartir el mismo círculo social ―dije en un tono de voz más bajo.
―Quita esos malditos miedos de tu cabeza, porque para desgracia mía, no se me es posible negarte las cosas con facilidad ―Prácticamente lo susurró en mis labios. Me impresioné en el momento exacto que dejó descansar su frente en la mía y cerró los ojos―. No vuelvas hacer una estupidez como esa.
No quería discutir con él, no quería que terminaríamos molestos. No ahora que nuestra relación está mejorando.
―Yo… Lo siento, Derek. Pero lo importante es que nada salió mal.
De pronto, esos ojos grises que me gustaban tanto se abrieron, revelando nuevamente su enfado.
¿Ahora qué dije?
―Sí, sí, Derek. Te contaré lo que tú quieras ―dije con un tono de voz que podría representar al fastidio―. Pero ahora necesito que nos lleves al hospital. Mira el estado de Kira, debe ir a un hospital.
Por primera vez desde que bajó del coche, volteó a ver a mi mejor amiga. El agarre en mi nuca pareció suavizarse y vi mi oportunidad para lograr desviar el tema, que olvide las muchas cosas que hice en tan poco tiempo.
―Derek, por favor ―dije en un tono más inocente. Aproveché que parecía relajarse y tomé ambas muñecas con mis manos, logrando que por fin me soltara―. Salgamos de acá. Necesitamos alejar a Kira de este lugar por su propio bien.
Él se mantuvo en silencio y bajó la mirada al punto exacto donde nuestra piel hacía contacto.
―¿Qué carajos tienes en las manos?
Agrandé los ojos y me llevé las manos a la espalda, escondiendo las heridas.
No sé si era por la adrenalina, por concentrarme en el ser iracundo que estaba frente a mí o por la preocupación que sentía hacía mi mejor amiga, pero sinceramente, se me había olvidado que mis manos estaban sangrando.
―Nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...