Había un grupo de violinista tocando en un rincón del comedor. La mesa era gigantesca y larga. No estaba bromeando, acá cabían como veinte personas. Horacio estaba sentado a la cabeza y nosotros a los lados. Los empleados traían los platillos y según dijo el patriarca, es una cena de doce tiempos. ¡Doce! Ni siquiera sabía que esa cantidad de platillos era apropiado. Sin contar que cada plato consistía en un solo bocadillo con nombres raros y combinaciones aún más raras.
Este procedimiento me daba aún más hambre de la que ya tenía. Probar un bocado, charlar y esperar el siguiente plato. Los ricos si que sabían cómo impartir tortura gastronómica.
Ni siquiera dejaron pan para comer entre comidas.
El sexto platillo fue presentado como huevos de codorniz en salsa de champiñones y berenjena.
Me metí a la boca el único huevo bañado en una salsa grisácea que había sobre el plato y nuevamente, a esperar.
―Estaba muy sorprendido cuando Derek me comentó que se había casado. No, sorprendido no era la palabra. Más bien, enojado ―comentó el señor Horacio mientras picaba el pequeño huevo a la mitad con un cuchillo y tenedor.
¿Así era como se comía esa cosa?
Mi vista fue a Derek, que hizo exactamente lo mismo.
Después, vi mi plato, vacío. Simplemente lo había pinchado con el tenedor y me lo había metido a la boca.
―Y eso me enoja más. Ni siquiera fue que no me invitaron, sino, que no hubo boda alguna. Ni siquiera tienen fotos. El heredero del patrimonio Fisher debía tener una boda por todo lo alto. Y si no era así, al menos, una boda modesta con los familiares ―El abuelo de Derek agitaba sus manos mientras que hablaba. Notaba que era una persona muy expresiva con su lenguaje corporal―. Pero no hicieron ninguna de esas dos respetables opciones. ¡No hicieron nada!
―Ya todos saben de nuestro matrimonio. No hay nadie en esta vida que no se haya enterado que Derek Fisher se ha casado.
―Pero no es solo que la gente lo sepa, tenían que vivirlo. Como una de las familias más importantes del continente, debemos hacer frente e imponer nuestro apellido. Teníamos que tener una boda legendaria para que a nadie se le olvide el apellido Fisher tanto en el ámbito empresarial como el ámbito de la vida ―El hombre apretó su puño con mucho entusiasmo.
―Legalmente, estamos casados ―«aunque de una manera muy ilegal» pensé―. Eso es lo que nos importa a nosotros dos. Pero si se trata de dejar en alto el apellido Fisher, podemos hacer una celebración pública, recreando la boda, en el momento que creamos conveniente y nadie se opondrá o se atreverá a quejarse de la tardanza, siempre y cuando la celebración sea digna ante el ojo público.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...