Salvo la vida y la muerte, su amiga podía tomarse todo lo demás con calma y afrontarlo con serenidad.
En cambio, era ella la que se moría de coraje al ver esos comentarios.
—Incluso sobre las acusaciones de sus parientes del pueblo, aparecieron muchos supuestos conocidos de su comunidad que contaron la verdad en internet, revelando cómo sus familiares las habían maltratado en el pasado.
Mónica recordó que su amiga le había dicho que hace tres días había ido a su pueblo precisamente para resolver ese asunto.
Sonrió.
—Isabela es muy precavida. Dijo que iba a un viaje de negocios, pero en realidad fue a su pueblo. Me contó que era para prepararse para lo que está pasando hoy. Ella ya sabía cuál sería el siguiente movimiento de esa gente mala.
Con razón Isabela estaba tan tranquila.
Ya se había preparado.
Estaba esperando a que sus malvados parientes del pueblo la hicieran tendencia.
¿Quién tenía la razón?
¿Y quién no?
Los usuarios de internet no eran tontos, y mucho menos unos santurrones. Al conocer la verdad de lo que pasó, naturalmente se pusieron del lado de Isabela.
Lo que Mónica no sabía era que, en cuanto Isabela regresó a casa después de correr por la mañana, lo primero que hizo fue subir a internet la grabación que había hecho en su oficina.
Así, todos pudieron escuchar las exigencias tan desmedidas que le hicieron aquellos parientes cuando fueron a buscarla.
Ni un tonto habría accedido a sus peticiones.
—Así que no te preocupes por Isabela, ya no es la misma de antes. Y tú no te enojes, no vale la pena que te enfermes por esto.
—En un rato te llevo el desayuno. Espérame en tu casa y desayunamos juntos.
Adrián cambió el tema de conversación.
Ahora se centraba en ellos dos.
—Entonces te espero en casa.
—De acuerdo, voy para allá ahora mismo.
—Maneja con cuidado. Te he dicho que te conseguiré un chofer, pero siempre dices que no es necesario.
Adrián quería asignarle dos empleadas y un chofer para que cuidaran de Mónica, pero ella siempre se negaba.
Decía que estaba acostumbrada a hacer las cosas por sí misma.
Incluso si se casaba con Adrián en el futuro, quería seguir haciendo lo que quisiera, sin depender de nadie.
Aunque no estuviera en la tienda, al menos, podía escribir novelas para ganar algo de dinero.
Adrián ya estaba preparando el regalo de bodas y planeaba proponerle matrimonio. La amaba tanto que el regalo que preparaba era extremadamente generoso.
Mónica, con solo casarse con Adrián, se convertiría en la señora Delgado de la familia Delgado y no le faltaría dinero. Aun así, quería ganar su propio dinero. Sin importar cómo cambiara su estatus, quería asegurarse de tener su propia fuente de ingresos.

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