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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 949

Álvaro aclaró:

—Para conquistar a Isabela me bastan mis buenas intenciones y mi sinceridad, no necesito su ayuda. Dense por bien servidos si no son un lastre para ella. ¡Háganse a un lado! Si no se quitan ahorita mismo, llamaré a mis escoltas y la cosa se pondrá fea.

Acto seguido, sacó su celular dispuesto a marcarle a su equipo de seguridad.

Los Romero entraron en pánico y se apresuraron a detenerlo.

Pablo se excusó rápidamente:

—Bueno, Álvaro, pero mínimo páganos la cuenta antes de irte.

»Yo ni hubiera pedido esos platillos si no fuera porque nos prometiste invitarnos a cenar.

Álvaro se quedó mudo ante su descaro.

Había cometido un gravísimo error al haber ido esa noche.

Con razón Isabela había usado su propio cuerpo como carnada para que encerraran a esos problemáticos.

Aunque ella no había crecido con la familia Romero, los tenía muy bien leídos y conocía su avaricia a la perfección.

No se iba a dejar mangonear fácilmente, y mucho menos les cumpliría ningún capricho.

Álvaro había ido con la genuina intención de ayudar a Isabela a resolver este lío. Nunca se imaginó que serían tan irracionales y que lo único que buscarían sería sacarle provecho.

A él no le faltaba el dinero; fácilmente podía cumplir todo lo que la familia Romero exigía en un santiamén.

Pero, ¿por qué habría de hacerlo? Ellos habían maltratado cruelmente a la señora Vanessa y a Isabela en su momento; él quería buscar justicia para Isabela, no complacer a esa bola de parásitos.

Esa gente no tenía llenadera; si cedía ante sus exigencias, seguramente pedirían más y más cosas.

Además, si en verdad terminaba pagando en nombre de Isabela, ella se enojaría muchísimo al enterarse.

Ya de regreso en el humilde hotel donde se alojaban, Pablo reunió a todos y sentenció:

—Esa escuincla salió más viva que su madre, no se deja amedrentar. Así como pinta la cosa, nos va a costar muchísimo trabajo sacarle dinero.

»Vamos a tener que bajarle a nuestras exigencias, a ver si al menos le sacamos lo de las medicinas de mi vieja. Ya más adelante, cuando le pidamos lana, que sea de a poquito. Si le pedimos muchas veces, al final la cantidad va a ir engordando sola.

»Fue nuestra culpa por pedir tanto de jalón, ni un tonto hubiera aceptado. Pensábamos que iba a ser un blanco fácil, pero hoy nos dimos cuenta de que es de armas tomar, tiene mucho más carácter que su madre.

»Y Álvaro será más calmado que el señor Silva, pero tampoco se deja pisotear. No es que no quiera a Isabela o que no tenga dinero; no quiso darnos nada porque sabe bien lo crueles que fuimos con ellas dos en el pasado.

»Vamos a dejar que pasen un par de días y luego mi vieja y yo vamos a ir a buscar a Isabela otra vez.

—Oye, apá —intervino la hija de Pablo—. Vanessa siempre ha sido bien débil, ¿y si mejor vamos y le sacamos el dinero a ella?

Ella había sido la cuñada de Vanessa por varios años, así que la conocía muy bien; a decir verdad, en aquel entonces, ella misma no había estado de acuerdo con las perrerías que sus padres y hermanos le hacían a Vanessa.

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