Lorenzo estaba bastante molesto porque su nuera había llegado borracha la noche anterior y seguía durmiendo hasta esas horas.
Él y Nuria también habían ido a eventos sociales y habían bebido, pero conocían sus límites y no terminaban en ese estado.
—Nuria, este es el joven de los Cisneros, el primo mayor de Jimena. Ve a servirle un vaso de agua y trae el botiquín para que se ponga algo. Tiene la cara hecha un desastre.
»Casi ni lo reconocí.
Camilo protestó débilmente:
—Señor Méndez, ¿tan mal me veo? Señor Méndez, ¿tienen hielo? Si me pongo hielo se me bajará la hinchazón más rápido.
Lorenzo hizo una mueca y dijo:
—Eso toma mucho tiempo. Mejor ponte hielo cuando llegues a tu casa.
Era una forma de decirle a Camilo que se largara pronto.
Camilo se quedó sin palabras.
Jimena en realidad ya estaba despierta, pero seguía en la cama, recordando lo que había pasado en el banquete la noche anterior.
Rodrigo la había engañado.
¡No había sido un sueño!
Ulises Peña se lo había dicho, y no podía ser mentira.
Además, ella misma había notado que Rodrigo trataba diferente a su secretaria.
Cuando el mayordomo tocó a la puerta, Jimena se levantó.
Al abrir, el mayordomo vio que ella aún llevaba el vestido de noche, señal de que acababa de levantarse.
Rodrigo la había traído en brazos, pero no le había cambiado la ropa, probablemente porque venía demasiado borracha y habría sido difícil manejarla.
—Señora, el señor Cisneros está aquí, viene todo golpeado. Dice que fue el señor Silva.
Al oír esto, Jimena frunció el ceño.
—¿Por qué Elías golpearía a mi primo?
Pero pronto lo entendió.
Ella había incitado a su primo a perseguir a Isabela. Elías se había enterado y había atacado a su primo.
¡Elías había golpeado a su primo por Isabela!
»Ya no te ama a ti.
»Mencioné tu nombre y no sirvió de nada. En ese momento, Elías parecía querer matarme.
»Solo quería invitar a Isabela a comer, no le hice nada grave, y aun así se puso como si quisiera asesinarme. Si realmente le hubiera hecho algo a Isabela, ¿crees que seguiría vivo?
»Jimena, sabes que me gustaría escucharte y ayudarte. Sé que estás celosa de Isabela porque Elías se enamoró de ella.
»Pero yo quiero seguir vivo, quiero disfrutar de la vida y de las mujeres. No quiero que Elías me mate ni que me deje castrado.
»De ahora en adelante, no voy a volver a buscar a Isabela.
Camilo era un mujeriego, sí, pero para ser mujeriego hay que estar vivo.
El lado oscuro de Elías lo había asustado de verdad.
Tenía miedo, miedo de que Elías realmente acabara con su miserable vida.
—Además, Isabela ya no es la misma mujer sumisa de antes. Ten cuidado tú también, no te confíes.
Camilo sentía que Isabela se había vuelto mucho más fuerte.
Era una persona completamente diferente a la de hacía medio año.

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