—La señora Jimena llegó borracha anoche y todavía no se ha levantado.
El mayordomo guio a Camilo hacia el interior.
—El joven Rodrigo se fue a la empresa. El señor Lorenzo y la señora Nuria están en la sala. Señor Cisneros, tenga cuidado con lo que dice. El señor trata muy bien a su nueva esposa.
»El hijo menor de la familia Méndez también empezó sus vacaciones de verano hoy.
Camilo frunció el ceño, pero no dijo nada.
Siguió al mayordomo y, en efecto, vio a Lorenzo Méndez con su esposa y un niño de unos diez años. Ese niño debía ser el hijo ilegítimo de Lorenzo.
Lorenzo y su hijo estaban jugando al ajedrez.
Aunque Iván Méndez solo tenía diez años, Nuria Valdez no había escatimado en gastos para su educación. Pagaba por cualquier cosa que al niño le gustara, e incluso lo que no le gustaba se lo hacía aprender. Iván ya destacaba en piano, ajedrez y estudios.
Gracias a que Nuria lo había educado para ser sobresaliente y siempre era el primero de su clase, Lorenzo sentía que este hijo era más capaz que el mayor, por lo que su atención se había desplazado hacia él.
Al escuchar los pasos, los tres voltearon a ver a Camilo, que entraba detrás del mayordomo.
Nuria reconoció a Camilo.
Llevaba tantos años con Lorenzo que conocía perfectamente quiénes eran los parientes de la familia Méndez.
—Señor Méndez.
Camilo se acercó intentando saludar con una sonrisa, pero al sonreír le dolió tanto que hizo una mueca.
Lorenzo frunció el ceño y preguntó:
—Camilo, ¿qué te pasó? ¿Con quién te peleaste? Seguro fue por alguna mujer, ¿verdad?
Lorenzo sabía perfectamente qué clase de persona era el primo de su nuera.
Despreciaba profundamente a tipos como Camilo: sin talento, valiéndose solo del dinero de su familia para vivir de fiesta y andar de mujeriego.
Era incluso peor que él.
Hacía poco que se había divorciado.
Nuria e Iván no dijeron nada.
Nuria escuchaba atentamente.
—Señor Méndez… ellos ya se divorciaron. A mí realmente me gusta Isabela, me gustaba desde antes, pero Elías me la ganó. Ahora que están divorciados, quise volver a intentarlo, pero apenas asomé la cabeza, Elías me puso en mi lugar.
»Hizo que me dejaran así, y él mismo me dio una bofetada y me advirtió que me alejara de Isabela.
»Una mujer tan hermosa… Él se atreve a divorciarse, pero no deja que nadie más la busque. Es como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. ¡Qué coraje me da!
—Deberías agradecer que Elías no te cortó la lengua en lugar de venir aquí a quejarte —dijo Lorenzo con frialdad—. Será mejor que hagas caso a lo que te dijo Elías, o no sabrás ni de dónde te vino el golpe final.
»¡No creas que por ser primo de Jimena Elías no se atreverá a tocarte! Ya conoces el carácter de Elías; si alguien toca un pelo de la persona que él protege, se venga diez, cien o mil veces peor.
Camilo se quedó callado, avergonzado.
Lorenzo le ordenó al mayordomo:
—Sube a despertar a la señora joven. No sabe beber y aun así toma demasiado.

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