El Mercedes estaba estacionado de manera prepotente, bloqueando la calle a lo ancho.
Isabela tocó el claxon un par de veces. El conductor reaccionó abriendo la puerta y bajando del vehículo. Era un hombre que le resultaba vagamente familiar, caminando a zancadas hacia ella.
El sujeto llegó hasta la ventanilla de Isabela y la golpeó con la mano, indicándole que se bajara.
Isabela bajó el cristal, conteniendo su molestia, y preguntó:
—Señor, ¿se le ofrece algo?
—Isabela, ¿ya no me reconoces?
El hombre puso cara de sorpresa, como si que Isabela lo hubiera olvidado fuera un pecado capital.
Ella lo miró de arriba abajo. Le sonaba su cara, pero no lograba ubicar quién era.
Frunció el ceño.
—Señor, ¿cuál es su apellido?
—¡Soy yo, Camilo Cisneros! Nos hemos visto antes, ¿no te acuerdas? ¡Soy el primo mayor de Jimena!
Era Camilo, el primo de Jimena. Jimena le había contado que Isabela volvía a estar soltera y le aconsejó que aprovechara la oportunidad para conquistarla.
Le dijo que no dejara que Álvaro se le adelantara.
La primera vez que Camilo vio a Isabela, quedó prendado. Su debilidad eran las mujeres hermosas.
Una mujer con la belleza de Isabela era algo que él deseaba llevarse a la cama de inmediato y «amarla» unas cuantas veces.
¿Camilo Cisneros, el primo de Jimena?
Isabela por fin recordó que existía tal persona.
Antes de que Elías empezara a cortejarla la primera vez, Camilo la había estado molestando un tiempo. Luego, cuando Elías hizo público su interés, Camilo no se atrevió a acercarse más.
Llevaban más de medio año sin verse. Que este tipo apareciera de la nada solo podía significar que Jimena lo había azuzado.
Jimena realmente no soportaba verla bien.
Isabela sacó su celular para llamar a la policía.
Al escuchar que iba a llamar a las autoridades, Camilo se enfureció e intentó arrebatarle el teléfono metiendo la mano por la ventana. Isabela subió el cristal de golpe, atrapándole el brazo. Él gritó de dolor.
En ese momento, aparecieron los guardaespaldas que Elías había puesto para protegerla en secreto.
Se acercaron, agarraron a Camilo uno de cada lado, e Isabela bajó el cristal para liberar su brazo. Los guardaespaldas de la familia Silva le taparon la boca y se lo llevaron a rastras.
Camilo no sabía quiénes eran, solo veía a dos hombres desconocidos.
Uno de los guardaespaldas le quitó las llaves del coche a Camilo y corrió a mover el Mercedes para liberar el paso a Isabela.
Isabela miró fríamente a Camilo un par de veces, no intercedió por él y arrancó su coche para irse.
En cuanto a la golpiza que le iban a dar los guardaespaldas de los Silva, Camilo se la había buscado; se merecía un escarmiento.
Al señor Cisneros lo metieron a la fuerza en su propio coche y ahí adentro le dieron una paliza. Quiso defenderse, pero el espacio era muy reducido y no pudo hacer nada contra la ventaja de los guardaespaldas.

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