Tampoco le caía bien Valentina Ríos. Valentina y Jimena eran uña y carne, así que seguramente eran tal para cual.
—Por cierto, hay algo que te voy a contar y seguro te va a interesar: parece que Rodrigo anda de coqueto con su secretaria. Ya hay infidelidad emocional y seguramente pronto pasará a lo físico.
Isabela se quedó de a seis.
—¿Él siendo infiel?
Con lo mucho que amaba a Jimena. Ya fuera en la vida pasada o en esta, siempre se mostraban como la pareja perfecta, derrochando miel.
Y resulta que Rodrigo le estaba poniendo el cuerno con la secretaria.
Isabela conocía a la secretaria de Rodrigo. No se podía negar que era joven y guapa, con una voz dulce. Físicamente, era del mismo tipo que Jimena.
Se ve que a Rodrigo le gustaban así: delicadas, dulces y tiernas.
—Viajan juntos muy seguido y en privado se traen un jueguito muy evidente. Ya hubo besos y abrazos. La gente que puse a vigilar captó eso sin querer.
Álvaro había puesto gente a vigilar a Jimena, pero de rebote se enteraron del chismezazo de Rodrigo.
Isabela comentó:
—Tanto que dice amar a Jimena, y ella desviviéndose por él... Una pareja tan «ejemplar» y él sale con esto. Ay, los hombres... bien dicen que el único hombre que sienta cabeza es el que ya está tres metros bajo tierra.
—Salió igualito a su padre. La genética es fuerte. Parejas que se conocen de toda la vida, novios desde chiquitos, y aun así terminan en infidelidad.
Álvaro se sintió aludido con el comentario de «tres metros bajo tierra» y se apresuró a aclarar:
—Isabela, no nos metas a todos en el mismo saco. La gran mayoría de los hombres somos responsables y no traicionamos a nuestra familia así nomás.
—Rodrigo y su papá no representan a todo el género masculino.
Isabela soltó una risita.
Al renacer, muchas cosas habían cambiado por el efecto mariposa de su regreso.
Sin ir más lejos, Álvaro. En su vida anterior, ella y Álvaro apenas se veían, y él jamás se enamoró de ella.
En esta vida, Álvaro la amaba.
La infidelidad de Rodrigo... ¿sería también una consecuencia de su renacimiento?
Conocía a Jimena desde niños, crecieron juntos, fueron novios de manita sudada y llegaron al altar. Un amor de cuento de hadas. Y no llevaban ni dos años de casados.
Y Rodrigo ya estaba sacando los pies del plato.
Sí, Isabela se mantenía en lo dicho: para que un hombre sea cien por ciento fiel, tiene que estar colgado en la pared como un cuadro... o mejor dicho, en una esquela.
Aunque pensándolo bien, si existen los fantasmas, capaz que hasta en el infierno siguen de coquetos.

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