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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1017

Isabela solía ir de visita, y cada vez que lo hacía, Elías iba personalmente a recogerla.

Esa era la manera en la que Elías justificaba el poder verla frente a frente y seguir colmándola de atenciones.

Además, desde el día en que se casaron, habían dormido en camas separadas. ¡Con razón Isabela le traía tanto resentimiento! Moría de celos.

La gente de afuera no sabía que dormían separados, y como no tuvieron hijos en tres años, todos decían a sus espaldas que Isabela era estéril.

Pero ignoraban por completo que Isabela había pasado esos tres años de matrimonio como si estuviera viuda.

Al confirmar todo esto, el instinto de posesión de Jimena aumentó; no soportaba la relación entre ambos, así que se la pasaba peleando con Isabela como perro y gato. Calculadora y experta en hacerse la víctima, Jimena siempre la provocaba y terminaba haciéndola quedar mal.

Su ventaja era que sus dos amigos de la infancia la adoraban. La consentían incondicionalmente y confiaban ciegamente en ella, sin importar qué dijera o hiciera.

¡Esa misma sobreprotección terminó siendo su ruina!

Mientras la escoltaban fuera de la residencia y la subían a la patrulla, Jimena no dejaba de temblar. El terror puro se abalanzó sobre ella como una ola.

Como mujer educada, sabía perfectamente lo que le deparaba el destino después del arresto.

¡La pena de muerte!

No había forma de escapar.

Al ver que los oficiales se llevaban a Jimena, los vecinos empezaron a cuchichear nuevamente, suponiendo que el arresto tenía relación con la muerte de la señora Méndez.

Recordando los conflictos entre Jimena e Isabela, especularon que, tras la muerte de esta última, la señora Méndez había sufrido una crisis nerviosa, se peleó con su nuera y terminó empujada por accidente.

Tras el arresto de Jimena, la casa quedó en un silencio sepulcral, en el que se podía escuchar hasta la caída de un alfiler.

Elías y Rodrigo se desplomaron sin fuerzas en el sofá.

Ninguno imaginó jamás que los tres terminarían en semejante tragedia.

Los cabecillas del grupo terminaron siendo sentenciados a muerte.

A Jimena también la sentenciaron a la pena máxima.

A Rodrigo le dieron unos cuantos años.

Había hecho cosas malas junto con Jimena, pero como no participó directamente en los asesinatos, su condena por los delitos pasados fue más leve.

Al año siguiente, en pleno Día de Muertos, el cielo amaneció gris y caía una llovizna muy fina.

Elías condujo solo hasta el panteón. En una florería cercana, compró un ramo de flores de cempasúchil para visitar la tumba de Isabela.

Al llegar, colocó el ramo frente a la lápida, se acuclilló y, sosteniendo el paraguas con una mano, usó la otra para acariciar suavemente la fotografía de Isabela en la piedra.

Había seleccionado su mejor foto y la mandó imprimir en blanco y negro para la sepultura.

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