Fernando esbozó una sonrisa divertida.
—¿Mi final? Curioso, porque hoy se parece más al tuyo, ¿no?
Óscar estalló en una carcajada maníaca.
—Fernando, sé que tienes algunas habilidades; de lo contrario, nadie saldría herido por ti, sin embargo, Eleazar y los demás están en otra liga, ellos pueden acabar contigo y con tus amigos con un solo dedo.
Óscar miró engreído a Logan y a los demás, pero cuando se fijó en Esteban, pensó que éste le resultaba familiar, tuvo la impresión de ver antes a Esteban en alguna parte, sin embargo, tras un momento de duda, retiró la mirada, en ese instante no parecía pensar mucho en él.
—Sin embargo, mientras estés dispuesto a ceder y curarnos tanto a mí como al Señor Matías, puedo prometerte que mis cuatro mayores sólo te incapacitarán a ti solo y no dañarán a tu familia y amigos. De lo contrario…
Soltó una risita sombría, la implicación era clara sin que él la dijera.
—¿Doctor Lemus? —susurró Logan, inclinándose más cerca de Fernando, quien, con una palabra, podría acabar con Óscar y su tripulación en un instante.
Esteban y Jael también se colocaron junto a Fernando, no se pronunciaron palabras, pero su postura lo decía todo, esperaban una mirada de Fernando, y Óscar y los demás estarían muertos en un santiamén, además ya habían reconocido al triste célebre Eleazar y a su banda, por lo tanto, no iban a dejarlos escapar.
La voz de Eleazar era grave y firme.
—Impertinente, ¿no escuchaste lo que dijo Óscar? ¿Quieres vivir como un lisiado o quieres que tus amigos y tu familia sean enterrados junto a ti?
Fernando se volvió hacia Bernardo.
—Bernardo, primero lleva a Nancy de vuelta.
A Bernardo le pareció extraño, pero recordó que Nancy era una chica normal, además, tenía una buena relación con Rosario y Fernando no quería que supiera demasiado.
Nancy sonaba nerviosa cuando preguntó:
—Fernando, ¿qué está pasando? ¿Debemos llamar a la policía?
—No. Mejor vuelve con tu padre…
Óscar dijo con frialdad:
—Fernando, a menos que lo permitamos, ¿crees que alguien puede salir de este lugar?
—Tristán sólo quiere que trates conmigo y no con los demás, ¿verdad? —preguntó Fernando con tono solemne.
Óscar vaciló.
«Matar a demasiada gente en definitiva causaría problemas a Tristán».
—El padre y la hija pueden irse, pero mejor que mantengan la boca cerrada. En cuanto a los otros tres, ¡quiero que se queden quietos!
Bernardo tiró rápido de Nancy e insistió.
—Nancy, vámonos.
La banda de Eleazar no los detuvo mientras Fernando, Logan y los demás se quedaron, pero lograron percibir que mientras el padre y la hija se marchaban la llovizna se comenzaba a intensificar.
Una sonrisa de satisfacción se dibujó tenue en el rostro de Fernando.
—Óscar, esto es entre la Familia Cabrera y yo. No tiene nada que ver contigo ni con tu banda y no tienes por qué buscar más problemas.
—¡Cállate! —dijo Óscar en tono áspero—. ¿Estás de acuerdo con lo que acabo de decir? Si no lo haces, tú y tus amigos no vivirán para ver el mañana. —Para obligar a Fernando a ceder, Óscar continuó—: También me cargaré a tus padres y en cuanto a tu hermana, la bella del campus de la Universidad de Ciudad Jade, haré que una docena de hombres le hagan pasar un buen rato. Ja, ja, ja. —Se echó a reír de nuevo.

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