Con un brillo oscuro en los ojos, Limberto exigió:
—Puedo darte algo de tiempo para que rompas con Bere, pero las fórmulas… Debes entregármelas ahora. —Según sus conocimientos, los efectos de esas dos fórmulas eran extraordinarios. Cualquiera que las tuviera en sus manos podía llegar a la cima en el menor tiempo posible.
Que la Familia Salas pudiera convertirse en la familia más rica de Ciudad Jade e incluso llegar a ser la familia más prestigiosa de Lindavista dependería de los dos medicamentos. Un destello escalofriante brilló en los ojos de Fernando mientras cargaba hacia Limberto a la velocidad del rayo. Las expresiones de los dos hombres que estaban detrás de Limberto cambiaron rápidamente cuando vieron la embestida de Fernando.
—¡Cuidado, Señor Limberto!
Sin embargo, Limberto ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Fernando levantó la pierna y la lanzó contra Limberto, haciendo que éste rodara por seis metros de tierra. El agua del barro le empapó todo el cuerpo, dándole un aspecto en especial miserable.
—No te he pagado por el incidente de anoche, y aun así te atreves a venir a mí, alardear de tu poder y amenazarme. ¿De verdad me tomas por amable?
—¡Alto! —El subordinado de aspecto rudo y la docena de guardaespaldas estaban a punto de tomar represalias, pero Limberto se sujetó el torso mientras se ponía en pie para detenerlos.
No es que Limberto no quisiera darle una lección a Fernando, pero era consciente de que ni siquiera todos los hombres de su bando podrían derrotar a Fernando en una pelea.
Fernando se burló:
—Al menos tienes algo de conciencia. Si no, hoy habrías acabado como Matías.
Al escuchar su advertencia, el cuerpo de Limberto se estremeció cuando cayó en la cuenta. Cuando investigó los antecedentes de Fernando, naturalmente, descubrió la enemistad de éste con la Familia Cabrera.
«¿Puede ser que Fernando esté detrás de la situación actual de Matías?».
Ese pensamiento puso a Limberto en alerta máxima, pero seguía considerando a Fernando un blanco fácil.
—Puedo darte siete días para que tomes la decisión inteligente, Fernando. De lo contrario, tu Clínica Médica no abrirá el próximo viernes, y estarás plagado de mala suerte. Ni se te ocurra quejarte con Bere. Será inútil y sólo te creará más problemas. —Una vez que terminó, se sujetó el vientre y gritó—: ¡Vamos!
No esperaba una respuesta de Fernando aquel día, pero confiaba en que éste se doblegaría ante su amenaza y aceptaría si era inteligente. Después de verlos subir a sus autos y marcharse, Fernando retiró la mirada y le dijo a Logan:
—Siéntate un rato. Tengo que ir a hacer una llamada. —«Limberto es despiadado. Tengo que informar a Alisa para que consiga que alguien vigile en secreto a la gente en casa por si Limberto vuelve a utilizar algún método turbio».
—¿No le preocupa que le cuente a la Señorita Zavala lo que pasó antes, Señor Limberto? —En el auto en marcha, Elvia preguntó con suavidad mientras frotaba con suavidad el vientre de Limberto.
Limberto respondió con maldad:
—Bere sólo sabe que él trató al Señor Mejía y no sabe qué medicamentos utilizó. ¿Crees que le habría dado las fórmulas si se hubiera enterado del asunto y se las hubiera pedido?
Elvia respondió sin vacilar:
—Esas fórmulas valen decenas de miles de millones. Fernando no estaría dispuesto a desprenderse de ellas.
Limberto respondió con seguridad:
—¡Exacto! Por eso no dejará que Bere se entere de mi reunión con él. Todo lo que necesito es que lo vigiles y me informes en cuanto descubras algo.
—¡Entendido! Pero ¿y si sigue sin inclinarse y aceptar su oferta después de siete días?
—Entonces, cuando la Clínica Médica reabra el próximo viernes, será el comienzo de su desgracia.
Una vez que Fernando regresó tras su llamada, Logan le preguntó:
—¿Ha mejorado tu carácter? En el pasado, habrías hecho papilla a ese tipo de persona o habrías informado a sus mayores después de darle una lección.
Fernando miró fijamente a lo lejos mientras respondía:
—En el pasado, hiciera lo que hiciera, a nadie le importaba cuando estaba en el remoto bosque primigenio. Sin embargo, en esta bulliciosa ciudad, cada pequeño movimiento causa ondas y atrae una atención no deseada. Esa no es mi intención, pero no tengo miedo. Simplemente no quiero que mi familia se vea implicada. Espero que Limberto no haga nada estúpido. —«De lo contrario, a pesar de mi intención de pasar desapercibido, me aseguraré de que se arrepienta de haber nacido en este mundo».
Al percibir la fugaz hostilidad de Fernando, Logan rezó en silencio por Limberto, con la esperanza de que éste no tomara el camino más estúpido.
—El cochinillo asado está casi hecho. El Señor Sánchez incluso preparó algunos aperitivos para nosotros. Servirá toda la comida dentro de un rato.
Hacía rato que el cielo estaba oscuro cuando Esteban y Jael regresaron por fin.
Logan preguntó:
—¿Por qué han tardado más de una hora?
Fernando y él no tenían intención de hablarles de la breve visita de Limberto, ya que les parecía una pérdida de tiempo hablar de aquel payaso.
Jael respondió con una sonrisa de satisfacción:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Médico Supremo