Renato sacó su celular y vio que tenía dos llamadas perdidas de Camilo. Lo había puesto en silencio precisamente para que nadie los interrumpiera.
Se guardó el aparato de nuevo en el bolsillo y, sin detener el paso, siguió guiando a Magdalena hacia la oficina principal.
—Entendido —respondió con calma.
Cuando Magdalena pasó frente a la zona de secretarías tomada del brazo de Renato, a todos casi se les salen los ojos de las órbitas.
En el momento en que la pareja entró a la oficina, el caos se desató entre las empleadas. A excepción de las dos practicantes nuevas, todas las demás reconocían perfectamente a Magdalena.
—Magdalena y el Presidente Jiménez... parece que hay algo más entre ellos.
Como Wendy no estaba, las secretarias se agruparon de dos en dos para cuchichear sobre la verdadera naturaleza de esa relación. Considerando la intimidad que acababan de presenciar, llegaron a la innegable conclusión de que Magdalena debía ser la misteriosa novia del jefe.
Había envidia, celos y, sobre todo, mucho arrepentimiento.
Varias comenzaron a repasar frenéticamente si alguna vez la habían tratado mal. Aquellas que solían hablar a sus espaldas sintieron que la sangre se les helaba; sus días de tranquilidad en la empresa probablemente estaban contados.
...
Dentro de la oficina, Renato preparaba los documentos para la reunión mientras Magdalena esperaba en silencio.
Poco después, alguien llamó a la puerta. Al escuchar el grave "Adelante" del hombre, Camilo entró sosteniendo un vaso de jugo natural caliente, se acercó a Magdalena y lo dejó frente a ella.
—Gracias, Camilo —le sonrió.
—No es nada —respondió el asistente. Luego se giró hacia el escritorio, le recordó a Renato la hora de la junta y se retiró.

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