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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 765

Al llegar a la mansión, Yahir llevó el auto directo al garaje. Magdalena intentó bajar, pero la puerta no abría.

Volteó a ver molesta a Sebastián, pero él ya se había bajado. Luego, miró al conductor; Yahir estaba sentado, inmóvil.

Sebastián caminó hasta el lado de ella. Puso la mano en la manija y, con el chasquido del seguro, abrió la puerta.

Magdalena agarró su bolso y se bajó, mirándolo con frialdad.

—Te quedaste esperando en el auto, Magdalena... con que querías que yo te abriera la pueeerta —Sebastián le sonrió de oreja a oreja, alargando la palabra para que sonara con doble sentido, e hizo una pausa para añadir—: Es un placer servirte.

Magdalena no quería desperdiciar saliva con él. Trató de rodearlo, pero él dio un paso hacia el frente y le cortó el paso.

Levantó la vista para fulminarlo, pero Sebastián enarcó los ojos, con una mirada tan oscura que la hizo sentirse completamente incómoda. Por instinto retrocedió un paso, pero él se acercó aún más, acorralándola hasta que su espalda chocó contra la carrocería del auto.

Quedaron a escasos centímetros el uno del otro. Ella giró el cuerpo para intentar escabullirse, pero él apoyó la mano sobre el auto, encerrándola, mientras la devoraba con una mirada descarada y sugerente.

Magdalena lo miró con furia.

—¡Sebastián! Tú...

—Shhh —Sebastián puso un dedo sobre los labios de ella, interrumpiéndola.

Ella contuvo la respiración. Sus grandes ojos oscuros parecían despedir dagas de hielo, fulminándolo en silencio.

Una sonrisa maliciosa y seductora asomó en el atractivo y andrógino rostro de Sebastián.

—Magdalena, me acaba de dar una curiosidad tremenda. ¿Qué será lo que le gusta tanto de ti a Renato?

Ella ladeó la cabeza, evitando mirarlo, y no contestó.

Él levantó la mano y le acarició la parte superior del cabello. Como un reflejo, ella se giró de inmediato.

—¡Sebastián! ¡Te has atrevido a hacerme esto una y otra vez! ¡¿Qué demonios pretendes?!

Sebastián parpadeó con una inocencia fingida y contestó con total naturalidad.

—Pues que me gustas.

Magdalena levantó la mirada y le lanzó una advertencia glacial.

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