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Matrimonio Forzado : La Obsesión del Mafioso Italiano romance Capítulo 116

Después de que todo el caos se hubiera calmado, me paré frente al espejo del baño. El agua caliente aún goteaba de mi cabello mojado, humedeciendo mis hombros desnudos.

Tomé la lencería que había preparado—una pieza de encaje negro, fina, que casi no cubría nada. La había comprado semanas atrás en Milán, pero nunca la había usado.

Me la puse lentamente, sintiendo la seda fría rozar mi piel. La tela se ajustaba a mi cuerpo a la perfección, marcando cada curva que tenía. Miré el espejo una vez más, respiré hondo y abrí la puerta del baño.

Luca estaba sentado al borde de la cama, con el torso desnudo. Su cabello aún estaba ligeramente húmedo, y sus músculos se marcaban bajo la luz tenue de la lámpara de la habitación. Estaba mirando su teléfono, pero al oír mis pasos, levantó la cabeza.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Cariño? —susurró, con voz ronca.

Caminé hacia él lentamente, la tela de seda negra se movía con cada paso, mostrando más de lo que debía. Me detuve frente a él, a solo unos centímetros de su rostro.

—¿Te gusta? —pregunté, mi voz en un susurro provocador.

Luca tragó saliva. Pude ver su pecho subir y bajar rápidamente, su respiración se volvía más pesada.

—Te ves increíble.

Sonreí.

—¿Solo increíble?

Él extendió la mano y tomó mi cintura. Sus manos grandes y cálidas tocaron mi piel aún húmeda, haciéndome estremecer.

—Te ves como un sueño, un sueño del que no quiero despertar —dijo.

Me senté sobre su regazo, rodeando su cintura con mis piernas. La tela de seda negra se subió, dejando ver mis muslos desnudos. Sentí el calor de su cuerpo debajo de mí, sentí los latidos acelerados de su corazón.

—¿Sabes? —susurré en su oído—. Lamento todo lo que pasó.

Luca gruñó suavemente, su voz grave y ronca.

—No sabes lo que me haces.

—Sé exactamente lo que hago. —Deslicé mi cuerpo sobre su regazo, sintiendo algo duro debajo de mí—. Te deseo, cariño. Te deseo esta noche. Quiero sentirte dentro de mí.

—Porca miseria... —maldijo en italiano. Sus manos recorrieron mi espalda, atrayéndome más cerca—. Me estás volviendo loco.

—Quiero volverte loco. Quiero ser la única que pueda volverte loco —dije.

Lo besé. El beso fue fuerte, lleno de pasión, no como los besos que habíamos compartido antes. Sentí sus labios cálidos, su lengua explorando mi boca. Sus manos apretaron mi cintura, atrayéndome cada vez más cerca, como si quisiera fusionar nuestros cuerpos en uno solo.

—Ahhh... Luca... —gimoteé entre besos.

—Camila... —respondió, con la voz entrecortada—. Te he extrañado. He extrañado esto.

Sus manos recorrieron mi cuerpo, tocando cada centímetro de mi piel. Desde mi espalda, hasta mi cintura, hasta mis muslos. Me estremecía con cada roce, sintiendo el deseo arder dentro de mí.

Separé el beso y lo miré. Sus ojos estaban oscuros, llenos de deseo. Sonreí con picardía y, lentamente, tomé su mano y la guíe hacia mi pecho.

—Tócame. Tócame aquí —dije.

Luca gruñó de nuevo. Su mano tomó mi pecho, apretándolo con suavidad pero firmeza. Suspiré, disfrutando de su tacto cálido y fuerte.

—Ohhh... sí... Luca... No pares... por favor, no pares...

—No voy a parar —dijo, con voz ronca y pesada—. Nunca voy a dejar de tocarte. Eres mía.

—Sí, soy tuya.

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