Entré a la casa y cerré la puerta detrás de mí con suavidad. En la sala, Sofía y Diego seguían acariciándose en el sofá, sin prestar la más mínima atención a mi presencia. Mi padre estaba sentado en la cocina, mirándome con una expresión inquisitiva, pero yo solo negué con la cabeza y caminé hacia mi habitación.
Me senté al borde de la cama, mirando la cámara oculta en el techo de mi cuarto.
Mi teléfono volvió a sonar. Era Luca. Esta vez, una videollamada.
Casi no quería contestar. Pero mi mano se movió sola, presionando el botón verde. El rostro de Luca apareció en la pantalla. No llevaba camisa. Su cabello estaba mojado, aún goteando, y estaba sentado en un sillón lujoso en una habitación que no reconocía, tal vez su oficina en Italia. Una copa de vino tinto en su mano, medio vacía.
—Cariño —dijo. Su voz era ronca, un poco más grave de lo habitual.
Yo solo me quedé en silencio, mirándolo sin expresión.
—¿No quieres hablar conmigo?
Negué lentamente con la cabeza.
—Sé que estás enojada, y tienes derecho a estarlo, pero no puedo permitir que te vayas con Matías.
Seguí en silencio.
Luca suspiró. Bebió un sorbo de su vino y dejó la copa sobre la mesa.
—Vendré lo antes posible. Mañana por la mañana tomaré un avión. No puedo estar lejos de ti por más tiempo.
—No hace falta que vengas. Estoy bien aquí —dije.
—No estás bien. Puedo verlo en tus ojos. Puedo verlo en la forma en que te sientas, en la forma en que me miras. Algo anda mal.
—Claro que algo anda mal. Pusiste cámaras en mi baño.
Luca cerró los ojos un instante.
—Ya te lo dije, lo hago para protegerte.
—Lo haces porque eres paranoico y porque no confías en mí.
—Confío en ti, pero no confío en los demás.
—Eso no es confianza. Eso es control.
Luca guardó silencio. Me miró con sus ojos oscuros, ilegibles, y luego dijo:
—Mi padre sigue preguntando cuándo vas a quedar embarazada.
—¿Qué?
—Mi padre. No deja de preguntar. Cada vez que me veo con él, siempre pregunta por ti. ¿Ya estás embarazada? ¿Fuiste al médico? ¿Hay algún síntoma? Ya estoy harto de responderle.
Lo miré con los ojos muy abiertos.
—¿Hablas en serio? ¿En medio de todo esto, estás hablando de un embarazo?
—Solo te digo lo que pasa por mi cabeza.

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