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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 950

¿Quién?

El corazón de Aldana se contrajo bruscamente. Dio un pequeño paso y, con voz ronca, volvió a preguntar:

—Por favor, dígalo otra vez, no le oí bien.

—¡Lourdes!

Pensando que Aldana no la conocía, el director, solícito, abrió su teléfono y le mostró una foto.

La persona en la foto aparentaba tener unos veinte años, sin maquillaje, con un rostro limpio y pálido.

Era completamente diferente a la Lourdes que ella conocía, siempre con un maquillaje cargado, sensual y seductora.

Como si fueran dos personas distintas.

Lourdes.

Realmente era ella.

Así que cuando Rogelio dijo que su silueta se parecía a la de Gilda, no estaba diciendo tonterías.

«Si mi sexta hermana no llevara un maquillaje tan cargado, ¿la habría reconocido antes?».

—Gracias.

Aldana, mirando la foto, esbozó una leve sonrisa.

—Gracias por darme esta buena noticia.

«Gracias, Dios mío».

«Por proteger a mi familia, por permitir que mi sexta hermana regrese sana y salva».

—De nada.

El director negó con la cabeza y, secándose las lágrimas, suspiró:

—Esa chica ha sufrido mucho estos años. Aunque por fuera parece serena, en realidad su corazón está lleno de amargura.

—Señorita Carrillo, espero que en el futuro la ayude a superarlo.

—Lo haré —asintió Aldana, recordando la expresión de Lourdes cuando, borracha, se apoyó en su hombro quejándose de la injusticia del destino.

Sintió una punzada en el corazón.

Pero pronto sabría que el destino sí la favorecía.

Ya no estaría sola. Tenía familia, mucha familia.

—Rogelio, dame mi bolso.

Aldana respiró hondo y se giró hacia el hombre, cuyo rostro estaba pálido, con un tono de urgencia.

—Dentro está la tarjeta de presentación de mi sexta hermana.

Tenía que llamarla ahora mismo.

Rogelio se aferró al bolso, con la mente hecha un lío.

«¿Cómo es posible que la sexta hermana de Aldi sea Lourdes?».

No era que amara tanto el trabajo, sino que lo usaba para adormecerse.

Simplemente para lamer sus heridas en secreto.

—Rogelio, ve a averiguar dónde está mi sexta hermana —le pidió Aldana.

Rogelio apretó los labios con fuerza, completamente paralizado.

—¿Hay algún problema? —preguntó Aldana, frunciendo el ceño al ver que no se movía.

—¡Iván! —Rogelio volvió en sí de inmediato y llamó a Iván a su lado—. Ve a averiguar el paradero de la señorita Yáñez.

—¿…?

Iván no tenía ni idea de lo que había pasado en la habitación, y mucho menos de que la señorita Yáñez era familia de la señorita Carrillo.

Solo sentía que las palabras del jefe eran incoherentes.

«¿No fue Eliseo quien ató a la señorita Yáñez y la arrojó a un cuarto oscuro?».

«¿A dónde se suponía que debía ir a buscarla?».

—Jefe, ¿dice que averigüe el paradero de la señorita Yáñez? —preguntó Iván con cautela, temiendo haber oído mal.

—Sí —Rogelio se frotó las sienes, sus ojos profundos entrecerrándose ligeramente—. Cuando la encuentres, tráela de vuelta con el debido respeto, ¿entendido?

—Entendido.

Iván finalmente captó el significado de las palabras del jefe. Se rascó la cabeza y se fue, sintiéndose culpable.

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