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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 574

—Estoy acostumbrada a matar, a veces se me va la mano.

¿Acostumbrada a qué?

Leonardo se quedó tan impactado por aquellas palabras dichas con tanta ligereza que tardó un momento en reaccionar.

—¿Quién eres en realidad? —preguntó Leonardo con expresión grave, bajando la voz instintivamente.

—Ya te lo he dicho, antes de confirmar nuestro parentesco, no es conveniente que revele mi identidad actual —dijo Gilda con voz fría y grave, frunciendo los labios—. Es para protegerlos.

»Los resultados del análisis estarán listos mañana por la tarde. Yo misma me pondré en contacto contigo.

»Ah, por cierto —añadió Gilda, como si no estuviera del todo segura—: Te sugiero que también envíes a analizar el cabello de Aldana.

Porque... realmente no creía que se parecieran.

—Buena sugerencia, pero no la acepto —respondió Leonardo con cara de pocos amigos y voz gélida—. Más bien pareces una estafadora.

Aunque tenía la misma lengua afilada que Aldi, capaz de sacar de quicio a cualquiera.

—Como quieras.

Antes de irse, Gilda recalcó:

—Por la seguridad de Aldana, espero que nadie más se entere de esto.

Dicho esto, Gilda soltó el cuello de Leonardo y salió de la habitación a toda velocidad.

Cuando Leonardo se dio la vuelta, la figura de la mujer ya había desaparecido.

Inmediatamente encendió el ordenador y descubrió que las grabaciones de seguridad habían sido manipuladas de antemano; no habían captado nada.

Esa mujer sabía lo de hace quince años...

¿Significaba eso que era una de sus tres hermanas?

¿Qué tan especial tenía que ser su identidad para no poder revelarla a la ligera?

En un principio, Leonardo pensó en pedirle a Rogelio que investigara de dónde había salido esa persona.

Pero de repente recordó sus palabras:

—Ah.

El asistente seguía bastante confundido, temiendo que la aparición repentina de un niño pudiera afectar su futuro.

—Esa persona podría ser mi hermana —dijo Leonardo, sentándose en el sofá y recordando las palabras de la mujer.

Había un noventa por ciento de posibilidades. Tenía ese aire fiero, muy parecido al de Aldana.

—Ay... —Leonardo se recostó en el sofá y se masajeó las sienes con cansancio.

Si aparecía otra hermana con el mismo carácter de perros que Aldi, a los tres hermanos no les esperaba una vida fácil.

***

Por la mañana, Rogelio se despertó con el sonido del teléfono. Frunció el ceño y miró a la pequeña que dormía profundamente a su lado.

Tomó el celular y se dirigió de puntillas al balcón.

—Jefe, hemos localizado a Gilda —se oyó la voz de Eliseo—. Está aquí, en la capital. Efectivamente, ha estado siguiendo a la señorita Carrillo todo este tiempo.

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