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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2129

—¿Así de fácil acepta las condiciones el gran Rogelio Lucero? —murmuró Tobías, con la paranoia comiéndole el cerebro. Presentía que había gato encerrado.

—Ordene a toda su flota que retroceda y desaparezca de nuestra vista —exigió, intentando estirar más la liga.

Tobías se envalentonó: —Y envíeme un anticipo de cinco mil millones a mi cuenta. En cuanto estemos a salvo y sin riesgo de que nos atrapen, soltaré a la señorita Carrillo.

Rogelio tensó la mandíbula al límite de su paciencia, luchando por ahogar el rugido que pugnaba por escapar de su garganta: —¿Y qué garantía tengo yo de que cumplirás?

—Su esposa sigue siendo mi prisionera. No le queda más opción que confiar ciegamente en mí.

Teniendo a la joya más valiosa de aquel hombre bajo su control, Tobías se creía completamente inmune al miedo.

—Dije que te pagaré, y lo haré —gruñó Rogelio, con la voz áspera por la cólera contenida—. No tientes tu suerte.

—Señor Lucero, hará exactamente lo que le indico. De lo contrario, si yo perezco hoy, su mujer y su bebé me acompañarán a la tumba.

El ultimátum suspendió el tiempo, y una tensión que podría cortarse con un cuchillo asfixió el ambiente.

—¿Acaso tienes idea de dónde terminan los que se atreven a amenazar a mi esposo?

Aldana se irguió frente al borde de la proa, y su voz serena y cristalina rompió el sepulcral silencio.

—A mí no me vienes con cuentitos para asustarme —replicó Tobías. Rodeado de enemigos, ya no tenía nada que perder—: Si él da un paso en falso, te vuelo la cabeza.

Después de todo...

Estaba segurísimo de que el magnate jamás permitiría que su familia sufriera daño alguno. Al final, capitularía ante sus demandas.

—Perfecto.

Aldana se encogió de hombros, imperturbable: —Había un camino fácil hacia la salvación, pero decidiste patear la puerta del infierno.

Y ya que estaban tan empeñados en buscar su propia tumba, no le quedaba más remedio que ayudarles a cavarla.

Aldana levantó la mirada y clavó sus ojos en su marido.

Sus ojos enviaron un mensaje claro: «Hace milenios que no estiro las piernas. Yo también quiero divertirme un rato».

Rogelio le devolvió una mirada de advertencia: «No empieces con tus cosas. Llevas a la niña en la panza».

Ella contraatacó con otra mirada: «Precisamente. Llevo ventaja numérica. Seremos dos contra uno».

Rogelio: «¿?»

¿Desde cuándo la frase "dos contra uno" se aplicaba así?

Al ver aquel intercambio silencioso y cómplice entre el matrimonio, Tobías se sintió ninguneado y gruñó, exasperado: —Señor Lucero, exijo ver su buena voluntad ahora mismo.

La imponente voz de Rogelio rompió el silencio, dirigiéndose a Eliseo: —Transfiérele los cinco mil millones de inmediato.

—A la orden.

Eliseo sacó su celular y le exigió al criminal: —Dame tu número de cuenta.

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