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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2003

—Enseguida.

Anselmo lo tomó, pero antes de retirarse, habló de repente:

—¡Mandatario!

—¿Sí?

Darío detuvo sus pasos, levantó la mirada hacia el viejo Anselmo y suavizó la expresión:

—¿Se te ofrece algo más?

—Nada, señor. —Anselmo agitó las manos apresuradamente y sonrió—. Solo quería felicitarlo... Va a ser papá.

Darío se quedó paralizado por unos segundos antes de que una suave sonrisa se dibujara en su rostro adusto:

—Gracias.

Anselmo era la primera persona que lo felicitaba de corazón.

—Ande, pase ya. Don Belisario lo está esperando.

—Mjm.

Darío se dio la vuelta y caminó hacia el interior, mientras la frase «Felicidades, va a ser papá» resonaba incesantemente en su mente.

Papá.

Era un título tan extraño como familiar.

***

En el estudio.

Apenas Darío entró, un inconfundible olor a grasa invadió sus fosas nasales.

Don Belisario salió apresuradamente de debajo del escritorio, fingiendo estar enojado:

—¡Granuja, mira lo que me has hecho hacer!

—Ya tiene un bisnieto en camino, definitivamente es algo bueno. —Darío se sirvió un vaso de agua, se acercó y se lo entregó al anciano.

—¿Un bisnieto? —Don Belisario se quedó atónito por unos segundos antes de que la sorpresa iluminara sus ojos—. ¿De cuántos meses? ¿Ya saben qué es?

—Más de cinco meses. —Darío se sentó a su lado, con las comisuras de los labios ligeramente elevadas—. Ya la revisaron, es un niño.

—¿Está sano? —preguntó el anciano de inmediato.

—Muy sano. —Darío sonrió—. Ya hasta me saluda desde su pancita.

—¡Muchacho atrevido! —Don Belisario, que sonreía de oreja a oreja, al escuchar eso le dio una palmada en el hombro y gruñó fingiendo molestia—: Ya aprendiste a decir tonterías para burlarte de mí.

—Abuelo, ¿adónde va? —Darío frunció el ceño y lo siguió de inmediato.

¿Por qué el abuelo reaccionaba así?

¿Acaso no quería ver a Lourdes?!

Don Belisario abrió la puerta de su habitación, se agachó frente a su caja fuerte y empezó a teclear la contraseña torpemente.

Por su edad, sus manos no eran muy ágiles y se equivocó varias veces.

—Abuelo, ¿qué está haciendo? —Darío se acercó y miró al anciano agachado, con curiosidad.

—Estoy buscando el regalo de bienvenida para mi futura nieta política.

Don Belisario hablaba mientras intentaba desbloquear la caja, pero sus manos temblaban tanto que fracasó en cada intento.

Al final, simplemente sacó la caja fuerte completa y se la entregó a Darío:

—Me has espiado la contraseña antes, ¿verdad? Llévasela toda a mi nieta.

***

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