La noche anterior.
Mientras estaba sentada junto a la cama, mirando su rostro pálido y débil, había reflexionado largo y tendido.
Durante los tres meses de su ausencia, se había convencido constantemente de que Darío era solo un mantenido más, como cualquier otro.
Que al par de días se acostumbraría a su falta.
Pero cuanto más intentaba reprimirse, más crecía la nostalgia por él día tras día.
Probablemente, desde el momento en que decidió tener al bebé, sus sentimientos por Darío ya no se limitaban a una simple relación laboral.
Y luego Zenón le había contado toda la verdad de forma desgarradora.
Ya había perdido a Aris; no quería perder a Darío también.
Una vez que aclaró sus ideas.
Lourdes sintió que por fin podía respirar con facilidad.
Tomó su teléfono y le envió un mensaje a Aldana.
[Aldi, Darío es el Mandatario de Bravaria.]
Cuando recibió el mensaje, Aldana estaba recostada en el sofá con una mascarilla facial, jugando con el celular.
Por fin se había descubierto el pastel.
Aldana: [Vaya, sí que sabe ocultarse bien.]
Lourdes: [No solo no se fue, sino que estuvo jugando a los disfraces a mi lado. ¿Recuerdas a Don Eu? Pues era él.]
Aldana parpadeó: [Uau, este chico tiene talento.]
Lourdes: [Incluso me dijo que está enamorado de mí desde hace más de diez años. Yo era una niña en ese entonces. ¿Es un obsesivo o qué?]
Aldana se ajustó la mascarilla: [Me parece que sí.]
Viendo la respuesta de Aldana, Lourdes se detuvo a pensar por un segundo: [¿Tú ya sabías la verdadera identidad de Darío?]
A Aldana le tembló la mano y la mascarilla se deslizó.
La arrancó de su cara, la tiró a la basura y se sentó con las piernas cruzadas en el sofá para responder con suma seriedad: [Si te digo que sí, ¿cortarías toda relación de hermandad conmigo?]
Esa oración iba acompañada de un mensaje: [un conejito de rodillas suplicando perdón].
Lourdes frunció el ceño: [¿Por qué no me lo dijiste antes?]
Aldana: [En ese entonces ustedes ya habían roto. ¿No dicen que cuando terminas con un ex, lo mejor es darlo por muerto?]
Lourdes: ¡Tampoco había necesidad de maldecirlo así!
Al fin y al cabo, era el padre de su criatura.
Al terminar la conversación.
Aldana se dejó caer en el sofá, desparramándose a sus anchas.
Rogelio acababa de salir de bañarse y al verla, se inclinó para darle un beso en los labios: —¿Por qué suspiras?
—¡Míralo tú mismo! —Aldana le lanzó el teléfono.
—Ah.
Rogelio esbozó una sonrisa de medio lado, —Parece que Darío por fin consiguió un estatus oficial; se merece unas felicitaciones.
En esa casa, Darío era, sin duda, quien más había sudado para conquistar a su mujer.
—Si la Srta. Yáñez ni siquiera te reprochó, ¿por qué te enojas?
Rogelio la levantó en brazos y la llevó hacia el dormitorio.
—Ahora todo Bravaria sabe que Lourdes es el punto débil de Darío. —Aldana se acurrucó en el pecho de Rogelio con el ceño fruncido—: En cualquier momento, alguien intentará hacerle daño.
—En mi última plática con el Mandatario, mencionó que planea abandonar Bravaria. —Rogelio la depositó suavemente en la cama y se acostó a su lado, acariciándole tiernamente los dedos.
—Requiere tiempo. —Aldana se humedeció los labios—, Lourdes aún tiene el casino que atender.
—Tendremos que enviar a más de nuestra gente a protegerla. —Rogelio le acarició el cabello, consolándola en un susurro—: No te preocupes, el Mandatario jamás permitiría que le pasara nada a ella ni a su hijo.

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